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Rodolfo Izaguirre

El menú de la última cena

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El historiador del arte estadounidense John Varriano, en un artículo suyo aparecido en la revista Gastronómica –una publicación definida como “de comida y cultura”– aportaba su versión del que pudo haber sido el menú de la última cena de Jesucristo con sus discípulos. Las conclusiones de Varriano se desprenden de un minucioso estudio de La última cena de Leonardo da Vinci.

Una cena, asegura Varriano, confeccionada fundamentalmente a base de pescado, según se deduce de uno de los platos pintados por Leonardo, que contiene en su mayoría peces sin identificar, o de trozos de anguila decorados con rodajas de naranja que aparecen en otro de los servicios.

En principio, la cena se sitúa en una fecha concreta, el jueves 6 de abril del año 30 de la era cristiana. Un acto de celebración de la cena de Pascua que se llevó a cabo en una mansión en la cima del cercano monte Sión, la vivienda habitual de la familia Marcos.

Fueron Pedro y Juan los encargados de anunciar a Simón Marcos los deseos del Maestro de cenar en su casa, a lo que Simón accedió, agradecido por recibir el privilegio de preparar en su casa la cena pascual para Jesús y sus doce discípulos. Hacia las 6:30 de la tarde de ese día, fue Antonio, el más joven de los hermanos Marcos, el que localizó a la comitiva e informó a su familia de que el Maestro y sus acompañantes se acercaban ya a la casa.

Otro de los hermanos, Jahel Marcos, ya se había encargado horas antes de atender hasta el más mínimo detalle para asegurar el éxito de este singular acontecimiento: antes de que llegaran, ya estaba dispuesta en la mesa una ensalada de lechugas, a base de perifollos con un suave aroma a anís, cardo y las tradicionales hierbas amargas destinadas a recordar los días difíciles del éxodo. Por supuesto, todo sin hervir ni cocer, tal y como marcaba la tradición.

Por otra parte, en el jardín ya se estaba asando el cordero pascual sobre unas brasas de madera de pino rodeadas de piedras redondas de río. La carne, untada con una fina manteca con especias y el vientre del animal cerrado con ramas de romero.

Todo esto acompañado de puerros, guisantes, pan ácimo, nueces, almendras tostadas, higos y una compota preparada con fruta machacada, miel y un vino mezclado con agua, especialmente seleccionado para la ocasión, realizado con uvas procedentes del monte de Simeón.

La celebración se había preparado en un aposento especial situado en el segundo piso de la vivienda de los Marcos, un salón acondicionado según las ordenes del maestro, sin la presencia de ningún miembro de la servidumbre. El puesto de honor lo marcaba un diván más alto, en el centro, con otros dos lugares preferentes a derecha e izquierda. En los costados, pero en un nivel más bajo y en forma de “U”, estaban colocadas dos mesas largas con cinco asientos cada una.

Según el relato de Andrés, uno de los discípulos, el Maestro no probó en ningún momento el asado de cordero, sino que únicamente tomó algunas verduras y legumbres, incluyendo las hierbas amargas, pan ácimo, vino con agua y un poco del postre.

A las 9:15 de la noche, la hora de las bendiciones y poco antes de que fuera servida la tercera copa de vino, otro discípulo, Judas, pidió permiso para salir un momento del aposento, al que no regresaría jamás, dispuesto a consumar su famosa traición.

A las 10:15 tuvo lugar la despedida, coincidiendo con la cuarta y ultima copa de vino. Los asistentes salieron del aposento, Jesús él ultimo, dirigiéndose al huerto de Getsemaní para seguir protagonizando uno de los episodios más conocidos de la historia de la humanidad.