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Maximiliano Tomas

Los diez mejores libros que leí en 2013

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No existen listas objetivas, ni completas ni representativas. Toda lista (toda confección de una lista), por más honesta que se pretenda, esconde elusiones, alusiones, arbitrariedades, malicias y descuidos. Es lo que suele olvidar el periodismo en estas épocas de saldo noticioso, en el que proliferan las listas de recomendaciones, de hechos destacados y personalidades, presentadas en papel de regalo como información común y corriente, o como estadística: detrás de lo que suele estar elaborado para señalar tendencias, lo que en realidad se fragua es la pretensión de construir esas tendencias.

Sucede que hacer listas es, muchas veces, más fácil que tomarse el trabajo de informar o de criticar. En Los gauchos irónicos, un interesante libro de crítica literaria publicado en 2013 (tal vez el más certero a la hora de enterarse cuáles son algunos de los mejores nuevos escritores argentinos), su autor, Juan Terranova, comienza el prólogo con esta afirmación: “Los críticos que hacen listas no tienen ideas. Por eso, los circuitos que construyen, usando retazos de lecturas, derivan en generalidades, aproximaciones tímidas, introducciones”.

Y sin embargo, no somos pocos los que manifestamos cierto gusto culposo por las listas. Pero, al menos yo, me refiero a otro tipo de listas: las inútiles, las más personales, las puramente subjetivas, las contradictorias, las incompletas, las que no persiguen ninguna función ni tienen ninguna utilidad. Muchas veces, esas listas fueron hechas precisamente para no ser leídas ni divulgadas, y fuera de su autor nadie conoce la lógica ni las razones que las rigen. Las listas que anotaba Walter Benjamin en sus cuadernos, las de Susan Sontag en sus diarios, la lista de hombres de los que se enamoró la mujer que queremos y que descubrimos de casualidad en un cajón, la lista de compras del supermercado de un desconocido que encontramos tirada en la calle.

Esta es, entonces, otra de aquellas listas en las que nadie debería buscar una finalidad o una función (porque no la tiene o al menos no la pretende). Aunque en verdad me haya sido útil para evaluar algunas de las lecturas hechas el año pasado. Porque cuando terminé de seleccionar los diez libros que me parecieron los mejores o los más destacados de 2013 noté, con cierta sorpresa, que casi todos ellos eran ensayos históricos, críticos o narrativos. Hay memorias, crónicas y periodismo, pero poca literatura.

¿Qué querrá decir que no haya, entre esos diez, una sola novela o libro de cuentos de autores argentinos? ¿Que ninguno de ellos me llamó la atención, que no hubo grandes libros de ficción nacional publicados el año pasado, o que diversas circunstancias personales hicieron que mis intereses como lector se perdieran en otros géneros y otras nacionalidades? Quizá la respuesta sea más sencilla: nadie puede leerlo todo nunca.

Y, al mismo tiempo, recordar que no son los libros los que deben estar a nuestra altura, sino que somos nosotros, los lectores, los que debemos aprender a buscar, leer y disfrutar de los mejores libros. La incapacidad, la falla, el error estará casi siempre en nosotros: las buenas novelas (los buenos cuentos y la buena poesía) están ahí, como siempre, esperando el momento en que seamos dignos de encontrarlas.

1. Mi ángel tiene alas negras , de Elliot Chaze. La historia de un ex presidiario que planea un robo perfecto y en el camino se cruza con una rubia fatal esconde, detrás de estos tics de novela negra, una de las ficciones más profundas, desgraciadas y al mismo tiempo luminosas que se hayan publicado el año pasado.

2. O juremos con gloria morir. Una historia del Himno Nacional Argentino, de la Asamblea del Año XIII a Charly García , de Esteban Buch. Reedición ampliada y corregida del ensayo histórico que el autor publicara en 1994. Un apasionante análisis de los enfrentamientos y las tensiones políticas detrás de la creación y la interpretación del himno argentino.

3. Plano americano, de Leila Guerriero. 21 retratos de escritores y artistas (Guillermo Kuitca, Lucrecia Martel, Facundo Cabral, Marta Minujín, Idea Vilariño). A través de los ojos y de las preguntas de Guerriero conocemos en profundidad a cada uno de sus entrevistados, sus ideas, sueños y temores más profundos.

4. Nuevo museo del chisme, de Edgardo Cozarinsky. Otra reedición, también ampliada. Aquellas 69 anécdotas originales que narraban historias desconocidas de artistas y escritores argentinos y extranjeros se ven enriquecidas con veinticinco nuevos chismes protagonizados por Voltaire, Pablo Picasso, Tilda Thamar, Dorothy Parker, Dimitri Nabokov, Philip Roth y Gore Vidal.

5. Mi libro enterrado, de Mauro Libertella. El crítico y narrador, hijo del escritor argentino Héctor Libertella (1945-2006), y un homenaje a su padre en un libro delicado y desgarrador, que algunos podrán llamar novela, otros memoria, y otros tantos relato o biografía. Un escritor joven narra la decadencia alcohólica y la muerte de su propio padre, otro escritor. No hace falta decir mucho más.

6. En cuerpo y en lo otro , de David Foster Wallace. Una recopilación de quince textos inéditos, de crítica y periodismo, del gran escritor y cronista estadounidense (autor de Hablemos de langostas y Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer ) que se suicidara en 2008. Una curiosidad: se distribuyó en la Argentina en formato ebook.

7. Mi perdición , de Alfred Hayes. Tercera novela que aparece en castellano (en apenas tres años) de un escritor inglés desconocido por la mayoría de los lectores y recuperado en Argentina a través de excelentes traducciones. Nadie debería dejar de leer al menos un libro de Hayes, autor también de Los enamorados y Que el mundo me conozca.

8. Plan de operaciones , de Beatriz Sarlo. Artículos y ensayos dispersos de la crítica argentina (sobre Borges, Benjamin, Barthes y Sontag), recopilados en una bella edición, con un par de textos y conferencias inéditas imperdibles, como el que cuenta la historia de su primer viaje a Nueva York.

9. La supremacía Tolstoi, de Fabián Casas. Tercer libro de textos de no ficción del poeta y escritor, después de los Ensayos bonsái y los Breves apuntes de autoayuda. Aquí están sus temas y obsesiones reflexivas de siempre, pero también hay una mayor presencia de pasajes que se refieren al universo de la política argentina contemporánea.

10. American Sarmiento. Tras los pasos de un viaje que cambió la historia argentina, de Hernán Iglesias Illa. El periodista argentino, autor de libros de crónicas como Golden Boys y Miami, decide visitar los mismos lugares en los que estuviera Sarmiento en 1847, un siglo y medio después. ¿Qué queda hoy de aquello que lo deslumbró y lo hizo modificar su paradigma ideológico?