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Beatriz de Majo

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Cinco años antes de la fecha prevista por los grandes economistas del mundo y del FMI el Dragón chino deja a tras a la sempiterna potencia americana, en lo que a tamaño de la economía se refiere. El 2019 era el año del hito para terminar con la supremacía con que Estados Unidos contaba desde que superó en talla a Gran Bretaña hace 142 años.  

El coloso americano muestra hoy cifras anuales de su PIB tan altas como 17.416 millones de dólares y su contraparte asiática lo sobrepasa al alcanzar un producto interno de 17.632 millones.

Ya hoy los técnicos de los órganos financieros internacionales consideran que la ventaja china se irá profundizando progresivamente hasta un punto en el que, para el último año de sus anticipaciones macroeconómicas que es el de 2019, la economía china será 21,7 más voluminosa que la gringa en términos de la paridad del poder de compra, al menos.

Estados Unidos entonces su liderazgo como consecuencia de la desaceleración cruzada de su tasa de expansión con el crecimiento veloz de los chinos. China, de manera deliberada controlará su velocidad de crecimiento de manera que, para la llegada de la tercera década de los 2000, se mantendrá por debajo de 6,5% , mientras que Norteamérica hará esfuerzos ciclópeos para alcanzar entre +2,5% y  +3% en los años que nos separan de 2020.

El Dragón de Asia, sin embargo, aún no puede cantar victoria ni exhibir con orgullo tal condición de líderes que , sin duda, han ganado a costa de mucho trabajo. Las tareas que aún le toca por cumplir a China son harto complejas, bastante más que las americanas. Principalmente el manejo de la desigualdad y la democratización del ingreso.

En Estados Unidos, solo con mantener una tasa de expansión que se ubique en 2% es posible mantener y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos año tras año. En China, la gigantesca talla de su población hace que el ingreso por cabeza sea apenas una quinta fracción de la norteamericana. Otros desequilibrios en la distribución geográfica de la bonanza tienen aún que ser corregidos ya que inmensos bolsones de pobreza siguen permaneciendo en las zonas alejadas de las grandes urbes costeras.

30% de la población, lo que resulta en una cifra más elevada que la población total de los Estados Unidos, mora en unidades de vivienda que no sobrepasan los 20 metros cuadrados.

Así que llegar a ser el primero en tamaño le servirá a Xi Jing Pin para exponer los importantes avances del comunismo de las tres últimas décadas,  pero no para vanagloriarse de la calidad de vida de sus administrados. Ganar la primacía resulta ser una marca histórica, aun cuando las cifras del PIB no contengan evidencia de la fortaleza de las instituciones o de la solidez de la economía.

En materia de calidad de vida, un tema más atinente al individuo que los miles de millones del PIB, China hoy se ubica por delante de Turkmenistán y Albania, pero bien atrás de Libia, Azerbaiyán y Suriname.

Ser el más rico país de la tierra no tendrá mucha significación para el chino de la calle quien esperará aun décadas para alcanzar el nivel de vida del ciudadano común americano, país que ostenta, en ese terreno y a pesar de ser el segundo, el sexto lugar del orbe.