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Gabriel Antillano

Lo mejor del año

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Al momento de publicarse esta columna ya estaremos en el año 2015.

Las divisiones temporales aplicadas por nosotros mismos nos permiten agrupar acontecimientos, vivencias y sentimientos, los cuales atribuimos a un momento determinado. Esto hace que clasifiquemos nuestros años en “buenos” y “malos” y esperemos siempre que los próximos estén dentro de la primera clasificación y no de la segunda.

Yo también espero, contra todo pronóstico, que este sea un buen año.

Durante las últimas semanas, distintos medios publican listas con lo mejor del año que está por terminar. Son conocidas particularmente las listas de moda, discos, películas y –en menor medida– libros.

En lo personal suelo prestar atención a las de películas y libros. Obviamente, jamás coincido por completo con ninguna. Las listas, se sabe, siempre serán excluyentes. Y está bien, responden a los gustos y opiniones de la gente consultada. Las más desprestigiadas responden a intereses monetarios y sociales. Sin embargo, uno solo busca las que le interesen y decide si prestar o no atención a su selección.

A finales de este 2014 recién culminado, la revista literaria del diario El País, Babelia, publicó su lista con los mejores libros del año, según sus críticos consultados. El funcionamiento es sencillo: se les pide a críticos que elijan los 10 mejores libros del año, cada uno vota y se forma la lista definitiva. Este 2014 se consultó a 41 críticos y periodistas de El País.

Este año el libro con mayor número de votos –y por ello declarado el mejor del año, para quien siga sin entender el proceso– fue Así empieza lo malo de Javier Marías. Aunque no he tenido oportunidad de leer la novela, me pareció una elección positiva, no porque Marías sea uno de mis escritores favoritos, sino porque en par de ocasiones ha hecho fuertes críticas a Babelia y me alegra que esto no influya en la decisión sobre reconocer su talento como escritor. Tal vez se deba a que vivo en un país donde ese tipo de cosas no ocurren y la crítica –inexistente y rechazada– es considerada un pecado. El hecho de que un escritor sea crítico con una publicación y esta lo premie, de cierta forma le otorga legitimidad a la revista.

Sin embargo, no todos piensan lo mismo. En el mundo literario las listas sacan a relucir el pensamiento –si lo hay– infantil de algunas personas y desatan la envidia y resentimiento de muchos escritores. Cuando el mayor galardonado de este año fue Javier Marías, escritor tan amado como odiado, se ha armado la de Dios es Cristo en el mundillo literario hispanohablante, en especial en España.

Una gran cantidad de escritores reclamaron fervientemente la carencia de cosas como: presencia de escritores latinoamericanos (exigencia realizada en especial por escritores latinoamericanos); algunas de las mejores publicaciones del año, según su opinión; escritores jóvenes, cuyas edades oscilan entre 20 y 45 años; escritores noveles; escritores “no-consagrados”, etcétera.

Sorprende que aún no se comprenda que las listas siempre serán excluyentes y la de Babelia solo responde a la opinión de los críticos consultados. Por otra parte, asusta la insistencia en que una lista como esa deba incluir escritores por cosas como su nacionalidad, edad y fama, como si esto tuviese algo que ver con la calidad de la obra. De ser así, me gustaría leer sobre la indignación ante la forma en que Babelia ignoró por completo a los escritores mancos, ciegos, presos, los que visten siempre de gris, los veganos, los divorciados más de tres veces y cualquier otra clasificación que poco tiene que ver con la literatura. Al leer estas listas nunca entendí esa cruzada de algunos para ver si se incluyó a los latinos o a los jóvenes, no entiendo quién lee a un autor por razones geográficas o temporales.

Entre nuestros escritores venezolanos, uno se quejó de que Javier Marías siempre ganara premios y recibiera reconocimientos. Esta es otra queja que se me dificulta entender. ¿Es injusto que un autor sea muy reconocido? Si Javier Marías publica una novela y gana premios, se supone que se debe a la calidad de la novela. Si un autor gana muchos premios, no necesariamente quiere decir que es bueno, pero tampoco justifica criticarlo simplemente por el hecho de ganar. Eso de “hay que darle espacio a otros” es muy socialista y tierno, pero si se pretende premiar la calidad de un libro, poco importa si el autor ya ha ganado antes, o si es conocido, tiene más de 40 años o pertenece a una pequeña comunidad indígena.

Lo que más me sorprendió fue no leer una sola crítica literaria seria sobre Así empieza lo malo. La crítica se ha concentrado más en el autor y la selección que en la obra. Y a muchos les cuesta admitir que Marías es un gran escritor y uno de los mejores prosistas vivos de habla hispana.

Yo para 2015 deseo que este tipo de cosas no ocurran; ojalá estos vergonzosos reclamos que responden a simple resentimiento y envidia de la más tonta dejen de ocurrir. Deseo que la crítica siga y se le respete, que quienes la ejerzan lo hagan a profundidad y con excelencia. Deseo que se valore en conocimiento real y profundo. Pero sobre todas las cosas, deseo un año con menos estupidez, lo que solventaría los problemas no solo literarios y culturales, sino también políticos. El panorama, hasta ahora, no es favorable.