• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Antes de que me maten

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En un enfrentamiento armado entre delincuentes que lo mantenían secuestrado y agentes del Cicpc perdió la vida John Machado Añez, profesional de muy alta estima en el sector inmobiliario -fue el primer presidente de la Cámara Inmobiliaria Metropolitana-, hijo, esposo y hermano de arquitectos como él.

Otra muerte que acrecienta el número de homicidios a manos de una delincuencia incontrolada que ha hecho de la criminalidad el rasgo más sobresaliente de un país que, hace 15 años, solía ser noticia por su producción petrolera, la fortaleza de su moneda, el clima favorable para las inversiones, la belleza de sus paisajes y el talento de sus jóvenes músicos.

Hoy los desvaríos de una revolución destartalada nos han sumergido en un pantano de sangre y horror. La muerte de John Machado ha conmocionado a la sociedad venezolana cuando todavía no se ha repuesto del shock que le produjeron los asesinatos de Mónica Spear y su excónyuge.

La ha estremecido de tal forma que su sepelio se convirtió, además de una masiva manifestación de duelo, en ocasión para que decenas de personas expresaran no sólo su indignación ante lo acontecido, sino su disposición a marcharse de una país que ya no reconocen como suyo porque ha pasado a ser propiedad de corruptos y hampones, a partes iguales, apadrinados por un discurso de odio que ha crecido paralelamente con la impunidad.

“Me voy del país, antes de que me maten… y me llevo a mi familia”, fue el comentario que más se oyó entre quienes asistieron al funeral para presentar sus condolencias a la familia Machado: “No podría soportar que me maten a una hija, un hermano o cualquier otro familiar”, argumentaban quienes ya no aguantan la inseguridad y se resisten a vivir en estado de sitio para resguardar sus vidas y las de los suyos. La gente joven, sobre todo, ya no resiste más.

De acuerdo con el Cicpc, sólo en los 13 primeros días de este año 2014 ingresaron en la morgue más de 100 cadáveres. Ante esta matanza diaria no se vislumbra otra salida que la expatriación. Se trata de una decisión dolorosa que le produce placer sólo a esa dirigencia roja extremista que, supuestamente, alega que “si no les gusta la inseguridad, que se vayan del país”.

El homicidio de este destacado arquitecto ha concitado el pronunciamiento de gremios y asociaciones que ven como sus miembros engrosan el luctuoso inventario de víctimas que la repetición convierte en cifras desalmadas, a los que nos hemos acostumbrado con paciencia de penitentes.

Por eso hacemos nuestras estas líneas con las cuales el Colegio de Arquitectos expresa su pesar por la desaparición de un valioso colega: “Basta de muertes fútiles, innecesarias, injustas. Basta de atropellos a la integridad del venezolano. Basta de seguir incrementando el dolor y la orfandad en Venezuela. La situación de inseguridad hace años que pasó de ser una sensación a ser una realidad tangible, presente y sostenida que nos indigna y entristece”.