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Sergio Dahbar

"Te mataré Ramírez"

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La ministra ha sido subestimada. La gente tiende a reírse de ella, con desprecio, sin advertir su empeño en descubrir redes de conspiración donde nadie las imagina. Uno de los episodios más brillantes fue leer mensajes cifrados de los fascistas en el crucigrama del diario regional El Aragueño.

Yo soy uno de sus admiradores. Como sigo de cerca las acciones que emprende para desenmascarar a quienes promueven el golpe blando, me ha llamado la atención el tino con el que de paso por Buenos Aires, en una visita de rutina, advirtió en una calle un mensaje cifrado de la oposición más rancia.

A la altura de la calle Gorriti 5054, en pleno Palermo Soho, leyó “Te mataré Ramírez”. “Son capaces de atentar contra el ministro del poder popular de Petróleo y Minas”, pensó. Y agarró el celular con firmeza.

Alcanzó a llamar a su contraparte en la administración de Cristina Fernández de Kirchner, el secretario de comunicación pública. La conversación fue breve. Ella manifestó su temor. Y exigió una averiguación inmediata.

El secretario de comunicación pública, agobiado por los problemas que enfrenta el gobierno de CFK, respiró hondo y trató de ubicar mentalmente un hombre de confianza que pudiera averiguar qué se escondía detrás de esas tres palabras amenazantes.

Recordó a un oficinista en su despacho, Larsen, que alguna vez fue periodista de sucesos. Lo iban a jubilar. Era el hombre ideal para esta tarea estratégica. Discreto, imperceptible, conocía las rutinas de la investigación policial.

Larsen asumió el encargo con el escepticismo de un hombre al borde del retiro. No le interesaba (ni compartía) el temor de la ministra venezolana. Advertir una conspiración en el nombre de un restaurante, era por lo menos inverosímil (así lo adjetivó). De todas maneras, hizo su trabajo.

A mí el informe no me gustó. Demasiado escueto, cuidadoso con los adjetivos, timorato. No entendió, creo, la visión de la ministra, ni todo el odio que ella advirtió esa noche en las luces rojas de Palermo Soho. Estas fueron sus conclusiones.

“Estimado secretario,

“Lamento concluir que en el restaurante de Palermo Soho, ‘Te mataré Ramírez’, no existen evidencias de ninguna conspiración contra el ministro del poder popular de Petróleo y Minas de Venezuela, Rafael Ramírez.

“He conversado largamente con el dueño de este local, Carlos Di Cesare. He invertido tiempo tratando de explicarle los problemas por los que atraviesa Venezuela y la sospecha que se ha despertado en la ministra al pasar por Gorriti y ver el nombre de su restaurante. Sobre todo después del episodio de los crucigramas conspiradores.

“Di Cesare no ha comprendido nada de la ministra de comunicaciones venezolana, ni de los crucigramas. En verdad, no sabe quién es el señor Rafael Ramírez. Atónito, me ha explicado que es apenas el dueño de un restaurante afrodisíaco, que ‘lo que propone es un clima propicio para que las parejas se entonen’.

“He investigado y Di Cesare es reconocido en el medio local como una ‘mezcla de libertino aggiornado del show bussines y de artista de la seducción prèt-â-porter, se comporta más bien como un regisseur’.

“De su restaurante la gente habla bien. ‘Los cuadros eróticos que decoran las paredes, la tapa del menú con el grabado The helping hand de Hans Sebald Beham –donde una dama manipula hábilmente el miembro de un caballero–, las cortinas de terciopelo bermellón que evocan las camas de baldaquino de los libertinos del siglo XVIII (…) y los títulos de los platos extraídos de la literatura erótica universal, invitan a una orgía gastronómica’.

“De conspiraciones venezolanas este hombre sabe poco y nada. Indagué en mi investigación el año en que comenzaron a operar. María Moreno reportó sobre sus orígenes.

“Te mataré Ramírez’ inauguró precozmente como restaurante multiétnico en noviembre de 1995. Hasta que en la primavera del año siguiente, una fiesta con afrodisíacos tuvo tal éxito que Di Cesare encontró una identidad para su local’. Entiendo que en 1995 el chavismo era apenas una ilusión.

Finalmente, a pesar de las pruebas y las declaraciones, insistí en el nombre, que podía esconder alguna pista incriminatoria.

“Pablo Ramírez es el culpable del nombre. Era un amigo que venía de la provincia y tenía un don especial con las mujeres. Escapó porque sedujo a una mujer casada. El marido se puso violento. Lo llamábamos ‘Ramírez, arruinador de hogares’. Le decíamos al oído ‘Te mataré Ramírez’. De ahí sacó el nombre Di Cesare”.

Ustedes deben pensar lo mismo que yo. Este burócrata, Larsen, no ha entendido a la ministra. Quizás haga falta enviar a una persona más entrenada, quizás a un agente de G2, alguien que entienda el comportamiento del fascismo y sus ilimitadas estrategias para acabar con la revolución bolivariana.