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Daniel Samper Pizano

Los marcianos y “el patón”

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No se equivoquen: tengo el mayor cariño por los gringos de a pie, la mayor admiración por los académicos, intelectuales y científicos de ese país y la mayor desconfianza por la mayoría de sus políticos y gobernantes.

Me consta que muchísimos gringos normalitos, de los que trabajan con dedicación, comen a las 6 de la tarde y preparan salchichas en un asador de jardín los sábados, suelen ser simpáticos, amigables, colaboradores, generosos, ingenuos y –ay– profundamente desinformados. Eso me preocupa por la percepción que puedan tener de su propia realidad y del mundo. La televisión es fuente principal de noticias del estadounidense.

Pero un reciente informe publicado por Alternet revela que 2 de cada 3 ciudadanos ven menos de 3 minutos diarios de noticias y uno de esos 2 apenas atiende durante 12 segundos los noticieros. Lo que tardan en leer la frase anterior.

El resultado es que el país más poderoso de la historia no solo desconoce lo que ocurre a su alrededor, sino que, como producto de su ignorancia, cree en irrealidades delirantes. Una encuesta de Public Policy Polling (abril 2013) ofrece una lista de convicciones del pueblo estadounidense. Es de no creer aquello en que creen los gringos. Por ejemplo: 37% (116 millones) cree que es mentira el calentamiento global.

29% (91 millones) cree que los extraterrestres existen y nos visitan; 21% (65 millones) cree que un globo meteorológico que cayó en Nuevo México en 1947 era un platillo volador y murieron varios marcianos. 20% (62 millones) cree que las vacunas producen autismo. 15% (47 millones) cree que la industria farmacéutica inventa secretamente nuevas enfermedades. 14% (43 millones) cree que la CIA inventó el crack.

13% (40 millones, casi la población de Colombia) cree que en los bosques de Estados Unidos vive un monstruo llamado Bigfoot, “el Patón”, y que Barack Obama es el Anticristo que anuncian en la Biblia. Como si fuera poco, 34 millones afirman que el gobierno propició el acto terrorista de las Torres Gemelas; 22 millones, que la llegada a la Luna fue un montaje y 12 millones están convencidos de que una raza conocida como “hombres lagartos” controla la política.

Es difícil discrepar de esto último, especialmente en Colombia, o negar que Kennedy fue víctima de una conspiración, como lo creen 160 millones de ciudadanos, y que Bush mintió al decir que Irak tenía armas de destrucción masiva (138 millones).

Pero resulta inquietante saber que una buena parte de los habitantes de la mayor superpotencia mundial cree en la presencia de extraterrestres entre nosotros y que es falso que el planeta padezca un acelerado calentamiento, a pesar de los informes sobre el deshielo y la redoblada capacidad destructiva de los huracanes que azotan, entre otras, algunas de las ciudades principales de Estados Unidos.

En semejante pantano de ignorancia no hay que extrañarse de que floten con éxito grupos fanáticos como el Tea Party (extrema derecha republicana), religiones que terminan en suicidios colectivos y profetas de corbata y maletín según los cuales lo que dice la Biblia hay que tomarlo al pie de la letra, como que no existió evolución de las especies y Dios creó del barro a un señor llamado Adán y una señora llamada Eva. Algo que no lo cree ni Dios.

Yo a veces tardo en conciliar el sueño pensando que el más mortífero arsenal nuclear del mundo está en manos de personas que afirman haber visto platillos voladores y juran que Obama es un musulmán infiltrado. Y cuando me desvelo me da por pensar en los datos que arrojarían encuestas parecidas si averiguaran las creencias de los colombianos. Ahí sí me desvelo de veras.
Pero como no deseo contaminar con mis pánicos y prejuicios a los sacrificados lectores de esta columna, quiero pedirles que ellos mismos me digan cuáles creen que son las más absurdas creencias de los colombianos. Los invito a que envíen sus aportes a cambalachetiempo@gmail.com.

Más adelante informaré sobre lo que ellos piensan, si es que antes los marcianos no hacen estallar el mundo o aparece una noche “el Patón” por una ventana del Vaticano y se lleva al papa a montar en Transmilenio.