• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Del mar de la felicidad al mar del misterio

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Atrás quedaron los tiempos en que Chávez nos amenazaba con transformar a Venezuela en el mar de la felicidad y nos comparaba con Cuba. Eso lo repitió en varias oportunidades, hasta hacer la frase famosa y de uso frecuente. Con esto quería decir que copiaría el modelo cubano. Luego, con sus vaivenes, retrocedía, de vez en cuando, alegando los matices y diferencias de ambas naciones. Afortunadamente, la sociedad democrática (la mitad de la nación, de acuerdo con los resultados electorales) no se lo ha permitido. Si no, la historia de Venezuela sería otra.

El camino no ha sido fácil, pero, al fin y al cabo, sus deseos no se han hecho realidad y, por suerte, no parecen cercanos a cumplirse. Producto del empeño de la providencia divina, la enfermedad terminal del Presidente ha causado una disrupción importante del empeño del líder único de la revolución bolivariana. Y sus herederos no calzan los puntos para mantener, en el tiempo, la continuidad del proyecto comunista. Más bien, por el contrario, en estos momentos estamos inmersos en un marasmo, en una trampa, de la cual parece difícil salir. La confusión se profundiza al correr de los días y la figura del Presidente enfermo se difumina, se desdibuja, se desvanece, mientras los jerarcas chavistas tratan, por todos los medios, de mantener el espejismo de un gobernante en plenitud de sus facultades (Maduro dixit).

Lo cierto del caso indica lo contrario, y la perplejidad, el desasosiego, el desconcierto y, de alguna manera, la anarquía en las funciones del Ejecutivo, van minando, sostenidamente, la gobernabilidad. Va a ser difícil sustentar, a mediano plazo, la mentira oficialista. Ya las apariciones del dúo Maduro-Cabello son, cada vez, más escasas y las especulaciones que ellos mismos alimentan, queriéndolo o no, son de tal variedad y calibre que sirven para complacer todos los gustos.

De otra parte, el secretismo “sobre la enfermedad de base” del Presidente y la no aparición del enfermo, ni siquiera en fotos, contribuyen a complicar más aún una situación que, ya de suyo, es muy enredada. Hasta el punto de que las fantasías sobre si Chávez se encuentra en el país, o si está vivo o muerto, si está en el Hospital Militar o no, son caldo de cultivo para todo tipo de elucubraciones, de invenciones que hacen que las mentes más fabuladoras se queden cortas en las redes sociales a la hora de tratar el tema. Pero, sin duda, son reflejo de lo que piensan muchos, que sólo piden que se les hable claro sobre lo que está pasando.

Ahora bien, esto no sólo afecta al ciudadano común, sino que ya alcanza los altos niveles del Gobierno. Recientemente vimos al propio ministro de la Defensa, Diego Molero, desmentir, vía Twitter, un presunto enfrentamiento entre él y el vicepresidente Nicolás Maduro y, simultáneamente, aprovechar la oportunidad para recalcar que “son una sola voz”. Además son frecuentes las alusiones a que la Fuerza Armada se “mantiene más unida que nunca”. Cuando la cúpula roja rojita se empeña en aclarar algo que, aparentemente, está en calma y, por ende, no necesita de tales explicaciones, lo menos que genera son suspicacias de que algo no anda bien…  

Así están las cosas en tiempos de la revolución extraviada por la ausencia real de su conductor. Por eso, mientras más traten de correr la arruga, sin tomar decisiones de Estado, mayor será la incertidumbre sobre el futuro y lo que pueda ocurrir. Este clima, nada bueno, ha sido generado, no sabemos si adrede, por algún laboratorio de guerra sucia o sala situacional, para mantener a la gente en vilo, hasta que se prenda alguna luz que ilumine el camino a seguir. Mientras tanto, cada quien tiene derecho de pensar lo que le venga en gana…