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Andrés Cañizález

La máquina de los acontecimientos

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Le invito a recordar alguna decisión gubernamental significativa de los últimos meses. En materia económica, según le he oído a distinguidos economistas, no se ha tomado ninguna medida relevante en largos meses, pese a que se viven cada día las consecuencias de un modelo ineficiente. En materia política tampoco ha ocurrido nada. La Asamblea Nacional es el nuevo espacio para la construcción de acontecimientos, que incluso son anunciados con antelación por el presidente del parlamento, Diosdado Cabello, pero en la tarea legislar no ha sucedido nada.

Hace algunos años Ignacio Ramonet bautizó la televisión como la máquina de producir acontecimientos. Según la tesis de este intelectual, tan avenido al chavismo, la televisión no sólo tiene la capacidad de reseñar lo que ocurre, sino que en la medida en que puede imponer agenda pública, en esa misma medida coloca y posiciona temas, obliga a los ciudadanos a hablar de ellos. En dos platos, construye acontecimientos. Esa misma lógica, tan negativa en la denuncia del Ramonet de años atrás, tiene lugar hoy en día y especialmente en este tiempo de ausencia del presidente Hugo Chávez. Durante los dos meses y algunos días de silencio de Chávez, sus herederos no han tomado ninguna decisión de gobierno de envergadura, pero sí han tenido una capacidad evidente para manejar la agenda de la discusión pública. Se trata de un gobierno que construye acontecimientos.

La sesión del pasado 5 de febrero, en el seno de la Asamblea Nacional, es posiblemente el mejor símbolo del tiempo actual. El Parlamento no legisla pese a que en sus archivos reposan proyectos tan prioritarios para la ciudadanía como una Ley Desarme, pero se proyecta en su sede un linchamiento público que no persigue llegar al fondo del asunto, vamos a estar claros. No habrá consecuencias ni políticas ni judiciales de todo lo dicho por Cabello en esa bochornosa sesión. Ya debe estar en construcción otro acontecimiento, sea desde el Parlamento o desde el Poder Ejecutivo, que finalmente entretenga a periodistas y desvíe la atención de lo que grosso modo llamamos la opinión pública, es decir cada uno de nosotros, los venezolanos.

La producción presentada en la Asamblea Nacional, desde mi punto de vista, cumple dos funciones. Por un lado, efectivamente desvía la atención del problema de fondo de este tiempo que no es otro que la prolongada ausencia del presidente Chávez de la escena pública. Cada día que pasa hace menos explicable el silencio del líder y su permanencia en Cuba, y la incertidumbre e interrogantes envuelven a todos los venezolanos, también a quienes apoyan a Chávez y se preguntan por el real estado de salud del jefe del Estado. El otro objetivo de lo que hemos visto en los últimos días busca azuzar divisiones y rencillas en el seno de la oposición democrática, entre los dirigentes, y al mismo tiempo desmotivar y consecuentemente desmovilizar al votante de a pie que adversa al Gobierno. Nada de ello es casual, desde el gobierno se preparan para el escenario posible de elecciones presidenciales en este 2013.

Hasta ahora, y debe decirse sin ambages, el chavismo sin Chávez ha sido eficaz en permanecer en el poder, poniendo en práctica la hegemonía institucional que fue construida en los últimos años. En buena medida su eficacia política está relacionada con su capacidad para generar acontecimientos, dominar la agenda y desviar la discusión pública de los asuntos centrales, aquellos en los cuales si se evaluase la gestión gubernamental este gobierno saldría reprobado. En el lado opositor, ha sido notoria la incapacidad de los dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática por invertir esta lógica y así, básicamente, lo que tenemos son respuestas o reacciones a los tópicos que son colocados de forma oportuna –para sus intereses– por la acción mancomunada del gobierno y el Partido Socialista Unido de Venezuela. No hay que ser prestidigitador para aseverar que de seguir así continuarán en el poder los que marcan la agenda.