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Adriana Villanueva

El mantra de la matriz de opinión

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Amiga mía, si está casada con un adepto al oficialismo, de esos que sólo lee Aporrea, Vea, Ciudad CCS; que sigue en Twitter a @chavezcandanga; que oye cualquier emisora de radio donde lanzan flores al Gobierno y estiércol a la oposición; si su compañero no se pierde una cadena del comandante ni programas como La Hojilla o Zurda Conducta: prepárese, porque si a su cuchi cuchi se le ocurre emparrandarse, llegar una noche a casa oliendo a perfume ajeno, cuando usted le salga con el típico y pequeñoburgués reclamo de: “¡Con quién andabas, desgraciado!”, júrelo que le contestará: “No seas majunche, mi amor, que me estaba tomando unos tragos con los panas. A que llamaste a tus amigotas y forjaron una matriz de opinión en mi contra, esas mujeres nos tienen rabia de tan felices que somos”.

El muy cara’e tabla se lo puede estar diciendo al mismo tiempo que usted le descubre un apasionado moretón en el cuello, y tenga por seguro que con descaro ignorará la nueva evidencia para seguir con el mantra: “Matriz de opinión, matriz de opinión, matriz de opinión”, hasta que usted ceda rendida de agotamiento.

Porque en el diccionario enciclopédico: “Yo vivo en una patria nueva”, matriz de opinión es el eufemismo oficialista para “cerrado el caso, no hay investigación ni pruebas que valgan, no se hable más del tema”.

En un Estado donde los poderes públicos son sumisos al Gobierno, se pueden presentar mil pruebas ante cualquier delito o falta en los que podrían estar involucradas las cúpulas del poder, pruebas que en una democracia sólida harían tambalear a cualquier Gobierno, mientras que en la República Bolivariana de Venezuela, a través de los medios oficialistas, o en cadena nacional, se desmentirá cualquier acusación sin derecho a réplica con un certero: “No es sino una matriz de opinión”, añádanle varias menciones a la extrema derecha, a los medios perversos, una gota de Uribe, una pizca de imperio, y listo, el sortilegio revolucionario para hacerse los locos, para tapar hasta el más engorroso escándalo, está servido.

¿Cuántas “matrices de opinión” como explicación oficial no han sido dadas los últimos trece años? Matriz de opinión, las funestas consecuencias de haber estado en la “lista de Tascón” de quienes exigieron el referéndum revocatorio presidencial; matriz de opinión, que el CNE favorezca sin disimulo a los candidatos del oficialismo; matriz de opinión, las toneladas de alimentos importados podridos o que dejaron podrir por incompetencia en Pdval; matriz de opinión, el maletín con 80.000 dólares incautado en Argentina de un avión de Pdvsa; matriz de opinión, los militares involucrados en escándalos de narcotráfico; matriz de opinión, la escasez y la inflación; matriz de opinión, la inseguridad y la violencia en las que nos hemos acostumbrado a vivir los venezolanos; matriz de opinión, la ingobernable situación en las cárceles y la negativa a un juicio justo a los presos políticos; matriz de opinión, la incertidumbre ante la salud del Presidente; matriz de opinión, la injerencia del Gobierno cubano en los asuntos de Estado venezolano.

Cómo extrañarse de que “matriz de opinión” haya sido también la respuesta oficialista a las graves acusaciones de la jueza María Afiuni de las vejaciones sufridas en prisión.

Matriz de opinión, matriz de opinión, matriz de opinión… ni siquiera de tanto oír la bendita frasecita una se la termina creyendo.