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Pedro Llorens

El que manda vive enfrente

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Corazón de Mi Patria gobernaba a Venezuela como esos empleados confianzudos que atienden a los clientes como si fueran dueños del negocio: “Lo siento mi cielo, no me lo han traído… Pero puedo ofrecerte esto que me acaba de llegar y a muy buen precio cariño… Aunque si te puedes esperar te lo encargo y te lo guardo mi vida”.

Lo hacía con sectores poderosos del país en un principio y luego a escala internacional, cuando atendía o visitaba a un gobernante extranjero al que ofrecía todo lo que había en el país, desde las bóvedas del BCV... hasta pozos de petróleo en producción, incluidos grandes contratos para obras que ni siquiera estaban programadas, por supuesto, pasándose por el pipiricho leyes, reglamentos, contratos, licitaciones, con el mayor descaro.

Cristina mi amor ¿cuánto necesitas?... ¡Ta’ pago, mañana te lo mando! / ¡Evo, mi hermano, aquí hace falta un cuartel!… ¡Yo te lo construyo! / ¡Lula, mi pana!, por dinero no te preocupes… ¡El costo de tu campaña electoral va por mi cuenta! / ¡Fidel (Raúl), mi padre!, lo mío es tuyo… Y mientras yo sea presidente ¡ningún cubano pasará hambre! (A menos que se nacionalice venezolano).

José María Aznar, siendo presidente del gobierno español, se burlaba de Corazón de Mi Patria (aún no lo llamaban así) en presencia de amigos como el senador venezolano Pedro Pablo Aguilar, porque le había ofrecido enviarle unos etarras (“¡Cuando regrese te los meto en un avión y te los mando!”), lo cual al parecer cumplió sin llenar ninguna de las formalidades legales.

Y si él mandaba por encima de todos los controles y todas las instancias para satisfacer caprichos propios y ajenos, hasta quebrar una de las empresas más importantes del mundo (Pdvsa) y el país entero, imaginen cuánto mandaría Fidel (o cuanto manda Raúl), que decidía por él (ahora decide el hermano), y hasta le hacía (se las siguen haciendo) las leyes habilitantes.     

Tenía de nuevo vigencia aquel verso que circulaba cuando el Libertador dejaba a alguien encargado del gobierno: “Aquí vive el presidente / el que manda vive enfrente”… Y lo sigue teniendo cuando el de enfrente, aquí o en Cuba, es el que tiene la última palabra en las decisiones del país (más de una vez Bigotón ha sido obligado a desmentirse tras haberse mostrado proclive a cambios)... porque el que debía mandar y no manda tiene miedo de jacobinos y fascistas, corruptos y mediocres, impasibles mientras él conduce el país al despeñadero (lugar propicio para una caída precipitada, o para el desplome, la ruina o la perdición).