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Antonio Ledezma

Las malas noticias

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Los informes de los expertos en la materia no dejan lugar a dudas. Se trata de malas noticias para los venezolanos. El desplome de la economía es un hecho. El daño es irreversible, no podíamos esperar que lo confesado por el mentor del proyecto revolucionario, Jorge Giordani, no tuviera sus efectos devastadores en las finanzas públicas. Eso de enredar y comprometer a la nación con tal de “asegurar” el resultado de unas elecciones para controlar el poder, tiene sus costos. Y bien caro que lo pagaremos todos, porque las consecuencias las arrastramos y soportaremos todos.

El ajuste económico estremecerá aún más al país y a su pueblo. Ingenuos los que esperan que la ciudadanía se trague ese purgante sin chistar. El régimen apuesta a la represión y a la campaña mediática para controlar la situación. Se sienten poderosos, capaces de doblegar a gobiernos extranjeros, “para que sepan a qué atenerse”.

Así lo proclaman arrogantemente, mostrando los casos recientes de Makled y Carvajal. “Ni presidentes ni reyes se escapan de que les doblemos el brazo”. Por eso de verdad creen que “están por encima del bien y del mal”. Que los sistemas jurídicos internacionales “no sirven para un carajo”, por lo menos aquí en Venezuela, “porque aquí la revolución hace lo que le da su real gana”.

La situación para este régimen es cada día más peliaguda. Tienen que pagar el servicio de una gigantesca deuda externa y no hay real, porque se lo han gastado todo, o casi todo, porque una buena parte se la han robado, otra la han despilfarrado y otro pedazo, nada despreciable, lo han regalado a sus gobiernos “amigos”.

El petróleo lo han hipotecado y lo que por adelantado han pagado los chinos es un secreto sobre el cual  el régimen no rinde cuentas,  porque controlan las instituciones que deberían exigirlas. El paradero de nuestro oro es otro misterio. Una tragedia pues, todo esto. Ahora debemos estar súper mosca con nuestros activos, especialmente el patrimonio de Citgo. Son capaces de rematarlo.

Escrúpulos no tienen, no les importa nada de lo que se diga o se sepa de sus andanzas. Se protegen entre sí, para sobrevivir políticamente y hacerse del control del estado, de sus finanzas, de sus entes, como lo hacía Juan Vicente Gómez confundiendo al país con una pulpería en la que “se despachaba y se daba el vuelto al mismo tiempo”.

Hoy damos vergüenza en el mundo porque de Venezuela solo se  habla para relacionarnos con el narcotráfico,  la corrupción o la violación de los más elementales derechos humanos. ¡Qué pena! Somos noticia porque en nuestro país la gente hace largas colas para todo: para buscar comida, medicinas, papel sanitario, cemento, repuestos de carros, o para montarse en un avión que ya casi es visto como un  objeto extraño en los aeropuertos desolados. Somos noticia porque es “normal” la muerte por encargo. Los sicariatos llenan de sangre nuestras ciudades.

@alcaldeledezma