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Alexis Correia

La mafia rusa

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Con al menos 15 asesinatos en 8 capítulos contados hasta el pasado jueves (no demasiado diferente a la vida real) y dentro de las convenciones de la denominada narconovela, Los secretos de Lucía (Venevisión Plus, lunes a viernes, 10:00 pm), más allá de uno que otro detalle o de la polémica inseparable de su género, reivindica que sí se pueden hacer producciones audiovisuales decentes y profesionales en Venezuela.

En Los secretos de Lucía se nota inversión. Siempre que se relativice tomando en cuenta que Venezuela no es Hollywood, las escenas de acción, especialmente en exteriores, han sido sobresalientes: suspenso en alta mar al estilo Capitán Phillips en las costas del estado Vargas; escalada sin cuerda con dobles en las paredes externas del hotel Alba Caracas; tiroteo en un club de strippers con peceras saltando por los aires y todo (infaltable); motos agarrando rampa en el elevado de Maripérez; la protagonista atravesando un cristal y lanzándose un clavado de dos pisos hacia un contenedor de basura. Sin contar los sabrosos "carajo" y "no joda" sin restricciones.

En otra secuencia resuelta brillantemente con métodos poco vistos en producciones nacionales, la tarjeta de crédito de Bonny (Maritza Bustamente) delató su ubicación a la policía a través de una recreación digital de la inexorable interconectividad electrónica.

A Iván Tamayo se le nota sobrado como el policía corrupto Harold Rincón. Hasta ahora, el mejor. Aroldo Betancourt hace uno de los papeles más convincentes y sobrios de su carrera como el capitán Contreras, la autoridad "buena".

La historia tiene remembranzas de la saga Identidad desconocida con Matt Damon: la salvajemente acosada protagonista Lucía (Irán Castillo) ha perdido la memoria y la va recuperando por flashes que delatan que, al parecer, antes no fue precisamente una carmelita descalza. Su misterio lleva el logotipo de un dragón. La ayuda, por azar, un mecánico que ya no tiene camino de retorno, Miguel (Juan Pablo Raba).

La pareja de forajidos, suerte de Bonny y Clyde escapados de Conatel en el precario refugio de la televisión por suscripción, se acopla con solvencia. Están en juego 2 millones de dólares, lo que, al cambio del Sicad, equivale aproximadamente a un sueldo mínimo de Nicolás Maduro acumulado durante 2.000 años.

Hasta ha habido mafia rusa. En una de las escenas más divertidas y surrealistas, por decir lo menos, un tal Anatoly, de anabolizada musculatura y seguramente uno de los hijos del nuevorriquismo de los tiempos de Putin (interpretado por un actor que se llama Vagif Hkamdoulaev en la vida real), conminó en su idioma a un erotismo violento y bajo el efecto de extrañas pepas a su "escort" de cinco estrellas, Giselle (Yuvanna Montalvo, creíble en el papel).

Los secretos de Lucía durará alrededor de 70 capítulos, es decir, más o menos a medio camino entre una telenovela habitual y una serie de acción gringa, y una de las observaciones que se le podría hacer es que, en la estructura dramática, los acontecimientos a veces no avanzan con la esperada agilidad.

En el reparto, el principal lunar hasta ahora es Maritza Bustamante como la novia de Miguel. Su personaje se ha vuelto fastidioso, incluso estorboso para la trama, y algo sobreactuado en su permanente estrés. No termina de dar un giro que la saque de su condición de sujeto pasivo de la desgracia. Tampoco termina de convencer Luis Gerónimo Abreu como el interesado y paranoico Rubén, en una intervención presuntamente humorística. Queda todavía por aparecer gente como Mimí Lazo, Sonia Villamizar, Albi de Abreu, Yul Burkle o Karina Velásquez, y seguramente más rusos que nos podrán contar acerca de en qué desemboca esa utopía donde todos somos iguales, pero unos más que otros.