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Froilán Barrios

La madre de las guarimbas es la economía

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En los textos clásicos del marxismo se identifican conceptos paradigmáticos para la toma del poder, uno fundamental es el surgimiento de las condiciones objetivas y subjetivas para la revolución, la referencia a las primeras es en cuanto a las dimensiones de la crisis económica y sus consecuencias, y con relación a las segundas es condicionada a la existencia de una  dirección política calificada que desaloje del mando a la clase política explotadora.

Toda esta teoría de la toma del poder cabalga sobre el eje de la lucha de clases y del destino inexorable de colisión del viejo régimen, de cuyas entrañas surgirá la nueva sociedad.. Las ironías de la historia conducen a presuponer que el parto del cambio se originará, de la procreación de las fuerzas políticas y sociales que sepultarán al orden deslegitimado por su accionar, agónico e incapaz.

Mencionar estos análisis en la Venezuela de 2014 no se si es "mostrar la soga en la casa del ahorcado", pero es evidente que la protesta de los estudiantes y la población desencadenada desde febrero, contiene un evidente rechazo a las políticas económicas del gobierno nacional, causantes de las barricadas populares en ciudades y pueblos de nuestra geografía.

Para constatar la dimensión de la actual crisis nacional vayamos a los eventos de los años 2002, 2003 y 2004, donde los componentes de la protesta eran más de institucionalidad política que económica. No se percibían directamente como problemas de calidad de vida, la inseguridad, la inflación, el desabastecimiento, la vivienda, siendo temas evidentes de protesta, la libertad de expresión, la libertad sindical, la represión y el temor a caer en una dictadura.

Hoy tras mes y medio de protestas sentimos a una juventud y a una población más decidida que diez años atrás, a rechazar las políticas gubernamentales antidemocráticas que no avizoran futuro para nadie, cuando se anuncia la inflación acumulada en enero y febrero 2014 en 5,8%, y anualizada a 40%, con un desabastecimiento anunciado de productos de la dieta alimentaria de 47%. Esto simplemente agrava al poder adquisitivo con una cesta alimentaria cercana a los 9.000 bolívares. y una cesta básica aproximada a los 18.000 bolívares.  En resumen no hay contrato colectivo, ni salario de trabajador alguno, sea obrero del sector privado o profesional universitario en Venezuela, capaz de vivir decentemente ante esta debacle económica.

A este cuadro de dificultades extremas añadimos la tragedia de la caída del sector productivo privado, llámese automotriz, químico, aerolíneas, petroquímico, envases Polar, comercio, alimentos, transporte, autopartes, prensa escrita, agrícola, entre otros, que ya implementan el paro técnico por la falta de divisas y el colapso de millones de empleos a nivel nacional.

Por tanto la respuesta gubernamental de que el culpable de la crisis es “la guerra economía de la burguesía”, es un intento fallido de maquillar la realidad de una economía de guerra con un barril cercano a los 100 dólares, la verdadera barricada que el gobierno debiera enfrentar.