• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Luis González del Castillo

Un lugar para morir

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Reunidos en familia conversábamos sobre experiencias y lecturas recientes, dentro de las cuales, ante tanta violencia y muertes sin sentido que están ocurriendo en Venezuela, surgió entonces la discusión de dónde algunos se plantean emigrar y por qué. La vida, sin duda, reflexionamos casi todos los seres que pasamos de los cuarenta, transcurre presurosa desde los años mozos a la edad madura y luego a la vejez, con tal velocidad que un día se te rebela en el espejo, cuando ya se apoderaron las canas de tus cabellos y de tu mente los recuerdos.

En Venezuela nos está ocurriendo que se han entremezclado dos tipos de pensamientos deterministas: uno que nos lleva desde la inacción con resignación hasta la búsqueda del lugar individual para reacomodarme a mi supervivencia y otra irreflexiva de ese tipo de acción suicida, supuestamente audaz, que intenta llevárselo todo por delante y “arrasar con la perdición existente” mediante la asunción de la barbarie como método para responder al indeseado entorno; con lo cual entramos en guerra con este.

Los hombres que han dedicado su vida a orientar la sociedad mundial desde la fe, como el papa Francisco, por ejemplo, nos invitan a reflexionar y por tanto a debatir ideas y a convivir enfrentando juntos nuestros problemas comunes, siendo solidarios también con otros, en peor condición de vida, para ayudarlos a resolver problemas que por sí solos sería realmente poco probable lo lograsen; tales como la pobreza, el abandono y la falta de formación cívica y moral en edades tempranas.

Uno de los relatos conmovedores que escuché durante esta mencionada reunión familiar fue el caso de una persona de avanzada edad que decía que se había ido a la isla de Margarita “a morirse por allá”, con lo cual expresaba que de no encontrar los medicamentos necesarios, aquí en Caracas o allá tampoco, al fin y al cabo se moriría más tranquilo de cualquier manera por allá, como si se tratara del instinto de los elefantes que dicen van a morirse a cierto sitio por ellos escogido.

Días antes, y en este mismo diario El Nacional, había leído un relato de un hombre que compartía su experiencia sobre el haber descubierto, a la temprana edad de la niñez,  su condición de sufrir una enfermedad que le iba cubriendo los órganos vitales con grasa que los endurecía, impidiéndole el normal funcionamiento de pulmones, riñones, etc. El pronóstico que conoció a inicios de su adolescencia fue que no viviría a partir de entonces sino 2 a 3 años. Este joven aprendió así a dar significado extraordinario a cada día de su vida. Hoy, a sus 43 años, ha logrado tener una vida al lado de su esposa y su hijo con quienes comparte la maravillosa experiencia de vivir su vida momento a momento, extrayendo el néctar dulce de estos ratos preciosos, frente a los ratos amargos de tos infatigable y otros dolores y malestares.

En lo personal, habiendo tenido oportunidad de formarme previamente en escuelas de alta gerencia y liderazgo estratégico, así como de vivir y aprender de aquí y de allá..., aprendí de la vida familiar y de manera aleccionadora: que es realmente preciso conectar a nivel emocional y espiritual una empatía que por los llamados caminos formales, y más aún en tiempos de crisis, no aparecerá nunca por sí sola y/o que necesitaremos ayuda de expertos en lo emocional y espiritual, sobre todo para iniciar esa recuperación del valor de los momentos de la vida, de todos y cada uno de ellos, y de su infinita fuerza reconstructiva. Los valores y hábitos que desarrollemos en nuestro proceso de vivir en familia, desde edades tempranas y aun en edades superiores de reconstrucción y mejoramiento de nosotros mismos, son claves sin duda alguna para identificar y estimar cada unos de esos momentos que conforman, en un todo, cada vida vivida a plenitud y en su trascendente propósito.

Los siete hábitos de la gente altamente efectiva (The 7 habits of highly effective people, Stephen R, Covey, 1989) serían quizás  una recomendación apropiada de lectura para personas que quieren profundizar y formalmente abordar una discusión desde esta óptica de efectividad de las distintas perspectivas o facetas desde las cuales trabajar el cambio. En esta ocasión quiero, sin embargo, recomendarles desde esta idea sencilla pero tremendamente poderosa de recomenzar por el dialogo familiar y de la situación que nos aqueja como sociedad, para establecer lo que he asumido de los siete momentos especiales de cada semana: 1) iniciando, por ejemplo, desde cada próximo viernes en la tarde-noche para reconectar con la pareja en un momento de intimidad, con diálogo de reconocimiento y caricias verbales y luego físicas de mutuo acompañamiento. 2) El sábado desde la temprana mañana realizar actividad al aire libre en algún parque, en algún sitio especial viendo el amanecer, desayunando juntos. 3) El mediodía y 4) la noche del sábado, planear o prever encuentros con seres queridos, el hijo, la hija, los ahijados, sobrinos, compartiendo un deporte, compartiendo un círculo de una lectura escogida para comentar o para prepararse una comida especial en casa. Los momentos 5, 6 y 7 del domingo, con sus tres ocasiones, prever otros encuentros y momentos para la religiosidad o espiritualidad y el compartir con otros familiares y amigos. También para reunirnos con compañeros de estudios, vecinos, colegas, ¿por qué no? invitando a conocidos de pensamientos políticos, religiosos u otros diferentes, ejercitando así la tolerancia y el compromiso mutuo de aprendizaje  por superar las dificultades comunes, tal vez con un facilitador, conversando e intercambiando ideas.

¡Compartamos momentos!, participemos en la creación de una mejor relación intrafamiliar y un lugar mejor para todos como respuesta ante esta sociedad nuestra tan traumatizada por la violencia. Ante tantas familias desunidas por la intolerancia, terminando la propia sociedad toda disfuncional como amenaza de instalarse perennemente esta siembra de odios y estímulos al resentimiento, por seudosdirigentes. Con la evasión hedonista o de las drogas, la gratificación inmediata, la superficialidad y el dinero fácil, la soberbia y la búsqueda enfermiza de poder, nuestra lucha tiene que ser la lucha por mentes sanas. Una lucha cuerpo a cuerpo y sin tregua, por rescatar valores de amor, vida y paz. Reconciliación y perdón. Una lucha para vivir en libertad, con intensidad natural y profunda. Luchar porque podamos construir, desde la propia familia y hacia la sociedad toda, momento a momento desde la vida misma, creciendo en dignidad y alegría hasta la vejez, un lugar para morir.

@gonzalezdelcas

fundacionvenezuelasigloxxi@gmail.com