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Eli Bravo

Para luego es tarde

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Inspirulina

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Los arrepentimientos me parecen cada vez más inútiles. Digo, no es que resulte inútil darse cuenta del pasado y con perspectiva evaluar lo sucedido para hacer los ajustes pertinentes, sino que arrepentirse de lo que hicimos y, especialmente de lo que no hicimos, de ninguna forma cambiará lo sucedido.

O puesto de otra manera y citando a Lily Tomlin: "El perdón es abandonar toda esperanza de tener un mejor pasado". Las cosas fueron como fueron y es solamente en el presente donde podemos construir un futuro mejor. Más sobre el perdón en breves instantes, querido lector.

Noches atrás cenaba con unos amigos y uno de ellos se lamentaba de no haber hecho ciertas cosas, especialmente viajes a lugares que deseaba conocer, por haber estado amarrado al trabajo desde muy joven. "Muchas veces decía que no era el momento propicio para tomarme un tiempo por ser responsable con el negocio", comentaba con un ligero aire de arrepentimiento. Exitoso y viviendo un excelente momento económico, mi amigo sentía que había dejado pasar ciertas experiencias vitales.

¿Había sido mi amigo responsable consigo mismo? Parcialmente, sí. Su foco y dedicación al trabajo habían arrojado buenos frutos, pero había cierto vacío (o, debería decir, cierta emoción desatendida) que periódicamente asomaba la cabeza y por lo visto últimamente se hacía sentir con mayor fuerza.

Estoy convencido de que siempre podemos darnos la oportunidad de vivir experiencias vitales. De probar, equivocarnos, ser libres y balancear las obligaciones con las necesidades del alma. Cada quien en sus circunstancias, pero sin abandonar el poder de elegir cómo vivir. No creo en un destino escrito en piedra sino en relaciones y aprendizajes que venimos a experimentar. De ellas destila el sentido a nuestro paso por este mundo.

Doblando la esquina de sus cuarenta, mi amigo estaba en el proceso de soltar los arrepentimientos por lo que no había hecho, para asumir la responsabilidad por lo que podía hacer ahora, y esto conllevaba una dosis de perdón, en el sentido de que soltando el pasado tenía la oportunidad de vivir el presente más ligero de equipaje. Ya sabrás de lo que hablo: perdonarse uno mismo ciertas cosas es más fácil de decir que de hacer.

Si creciste, como yo, dentro del catolicismo, quizás las palabras arrepentimiento y perdón vengan amarradas de otras como culpa y pecado. Pero no nos vayamos por ese camino. Acá la relación es más de tú/contigo. Tiene que ver con tu responsabilidad con la vida que has llevado hasta ahora. Bajo esta luz el arrepentimiento se desdibuja para convertirse en una bruma que quedó atrás.

Al momento del postre, y tras unas copas de un magnífico sauvignon blanc neozelandés de Cloudy Bay, la conversación giró hacia la nueva perspectiva que brinda estar consciente de las necesidades vitales y escuchar las emociones para darles cabida en nuestras vidas. Este es un resumen algo barroco para decir que mi amigo ahora se toma sus tiempos con la misma seriedad que demuestra en su negocio.

Puede ser que pronto abra el espacio para hacer uno de esos viajes (sin conexión a Internet) para conectarse consigo mismo.

Si te has dado cuenta de que abandonaste tu bucket list (lista de cosas que deseas hacer antes de morir), préstale atención ahora. Si no lo hiciste antes, no significa que jamás lo harás.

Pero ahora es ahora. Para luego es tarde.