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Corina Yoris-Villasana

Hasta luego, don Ernesto

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Un día del mes de septiembre del año 1970, una estudiante de la recién fundada Universidad Simón Bolívar de Venezuela, oía, por medio de un circuito cerrado de televisión, la clase magistral que dictaba el rector de esa institución. Hablaba de la filosofía que inspiraba a los Estudios Generales, que han hecho de esa Casa de Estudios algo muy peculiar en el país. Esa estudiante oyó hablar de distintos modelos de universidades, de los modelos inspiradores de esos estudios humanísticos en el diseño curricular de carreras técnicas. Oyó hablar del técnico humanista. Este último vocablo la acompañó por muchos años, y más de una vez, recordando aquella clase inaugural, decía que el rector parecía haber conseguido ese híbrido en ella. Esa estudiante, que hizo estudios en la llamada ciencia dura, matemáticas puras, hoy transita en los predios de las Letras, de la Filosofía y muy en particular en la Lógica y la Argumentación.

¿Quién podría decirle a aquella joven que, unos cuantos más tarde, le correspondería dedicar unas palabras en la despedida terrenal de quien fue su rector durante varios años?

Lo conocí en su papel de rector y dejé de verlo por un largo período; pero, como dediqué mi vida académica a la Filosofía, era previsible que nuestros caminos volviesen a cruzarse.

Se organizaba el Primer Congreso Nacional de Filosofía, 1986, y su sede sería la Universidad Simón Bolívar; fui convocada a asistir en representación de la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello; para ese entonces yo era Coordinadora de la Escuela y su director, Francisco Arruza, sj. Ese nuevo encuentro marcó el inicio de una gran amistad con Don Ernesto. Así lo llamaba cuando él me decía “doña Corina”.

Numerosas son las obras  de Mayz Vallenilla, entre las que destacan (y sin agotar la lista) El problema de América, Fenomenología del conocimiento, Ontología del conocimiento, Del hombre y su alienación, El problema de la Nada en Kant, La ratio technica, El ocaso de las universidades, Sueño del futuro, y la de su madurez filosófica, Los fundamentos de la Metatécnica.

No es el lugar para analizar sus obras, tan solo he querido señalar algunas de sus escritos. Mayz realizó otra obra de gran importancia para la Filosofía en Venezuela. Fundó la Sociedad Venezolana de Filosofíaen1962, y refundada por el mismo en 1980. Fue su Presidente en varias oportunidades, y también fue Presidente de la Sociedad Interamericana de Filosofía. Me ha correspondido presidir la Sociedad Venezolana de Filosofía y cuando esta sociedad pasó por momentos difíciles, como difíciles han sido los últimos años del país, el doctor Mayz solía decirme: “Doña Corina, la refundamos de nuevo usted y yo, no se deje abatir por la adversidad”. Esas palabras han sido mi sostén durante los años durante los cuales he tenido que estar al frente de la SVF en medio de todo tipo de vicisitudes.

Fue Miembro del Comité Directivo de la Federación Internacional de Sociedades de Filosofía (FISP); Miembro del Instituto Internacional de Filosofía; Miembro de la Kant Gessellschaft, Alemania; Miembro de la Gottfried-Wilhelm-Leibniz-Gesselschaft, Alemania; Miembro de la SocietéEuropéenne de Culture, Italia; Miembro de la Comisión Rectoral de la Universidad Central de Venezuela (1958-1959); Miembro Fundador y Miembro del Directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas; Director de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela; Miembro del Instituto de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela; Profesor Titular de la Universidad Central de Venezuela; Profesor Titular de la Universidad Simón Bolívar; Jardinero de la Universidad Simón Bolívar; Profesor Titular (1985-2000) y Profesor Emérito del Instituto de Estudios Avanzados; Profesor Titular de la Cátedra Unesco de Filosofía.

Todas estas actividades las auspició con entusiasmo y dedicación, apoyado de manera ejemplar por su esposa y compañera Lucía Wallis de Mayz, con quien contrajo nupcias el 7 de septiembre de 1950. No podemos dejar de mencionar a quien él mismo denominara “su inseparable interlocutor filosófico”, Cotufo, un hermosísimo perro labrador, quien vivió doce años acompañándolo en sus largas caminatas vespertinas.

Filósofo, ciudadano en ejercicio, hombre de familia, esposo, padre y abuelo, a Ernesto Mayz Vallenilla le correspondió desempeñar un papel muy importante en la vida filosófica no sólo de Venezuela, sino de Latinoamérica. Hacerle honor en este breve escrito es también hacerle honor al país que le vio nacer. Hasta luego, don Ernesto.

@yorisvillasana