• Caracas (Venezuela)

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Elizabeth Fuentes

El lucrativo negocio de reprimir

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“Sigan la ruta del dinero”, les aconsejó  el informante “Garganta Profunda” a los periodistas del Washington Post para que lograran develar todos los secretos del escándalo Watergate, como en efecto ocurrió.  Al poco tiempo, Nixon renunciaría.

Y es que seguir la ruta del dinero permite desenrollar el ovillo de cualquier asunto porque siempre, en la punta, estará el responsable. O su cuenta bancaria, que suele ser lo que mas le duele. Por ejemplo, si una se pone a jurungar a cuenta de qué los encargados de la represión en Venezuela disparan bombas lacrimógenas brasileñas marca Cóndor a diestra y siniestra, o por qué razón las lanzan contra apartamentos donde habitan bebés y ancianos sin que les importe un pepino, o por qué disuelven una concentración pacífica con gas del bueno y se fajan a  combatir cuatro ramitas encendidas de una barricada minúscula lanzando bombazos Cóndor, pues la respuesta siempre será la misma: sigan la ruta del dinero.

Y si siguen la ruta del dinero se encontrarán con que la empresa brasileña Cóndor  es presidida por un tremendo burgués, el señor Carlos Frederico Queiroz de Aguiar, quien se hace acompañar en la junta directiva por casi toda su familia (esposa, hijos nuera, etc.,) para manejar el resto de las empresas que también poseen, un holding destinado exclusivamente al negocio de las armas.  En un documento oficial, la directiva  revela que posee un capital social de 7.200.000,00  dólares y a la directiva le sale un sueldo de otros 7 millones de dólares al año. Todos viven separados pero en un mismo lujoso edificio, frente a las playas de San Francisco, Niteroi. Y deben tener eso que se llama vara alta en el gobierno socialista de Dilma, porque la presidenta es una de las que más ha defendido el fortalecimiento de la industria nacional de armas, incluyendo mejoras tributarias  así como la suspensión de impuestos cuando las empresas necesitan insumos del exterior. Más de una vez  se ha visto al ex ministro de la Defensa, Celso Amorin, acompañado de varios  generales brasileños, almorzando con los dueños de la industria de armas y la prensa de Brasil  ha denunciado hasta el cansancio quienes fueron los diputados que recibían sobornos por parte de estas empresas para que no aprobaran una ley en contra de su compra y uso.

 “Con  apoyo de la diplomacia brasileña, las empresas de armas buscan mercado en países con violaciones a los derechos humanos. De hecho, en un documento oficial, el director de Condefensa, Roberto Cavallo, estableció que en las exportaciones se deben priorizar aquellos países que pueden negociar sin restricciones, exigencias o imposiciones de organismos...”, publica el portal brasileño Agencia Pública. Y en la lista que presentó Condefensa ante la cancillería de Brasil, Venezuela aparece en cuarto lugar, al lado de Angola, Namibia, Zimbabue y Pakistán, por mencionar algunos. Según cifras del Ministerio de Desarrollo y Comercio de Brasil, las exportaciones de “armas leves” –como llaman a las lacrimógenas-, se triplicó en los últimos cinco años, siendo Venezuela el cuarto país en adquirir su producto.

Así que si seguimos la ruta del dinero, desde que la bomba lacrimógena hiere o asfixia a un estudiante venezolano, hasta la chequera de la familia Queiroz de Aguiar, seguramente nos tropezaremos con los nombres de los generales,  ministros o diputados cuya única misión es vigilar que los soldados echen gas del bueno pero bastante, de manera tal que se agote la existencia lo más pronto posible y tengan que adquirir más lacrimógenas a cambio de quién sabe cuántas comisiones. 

Saquen la cuenta: solo en 2011, Brasil vendió  293 billones de dólares en “armas leves”, incluyendo las Cóndor. Calculen la comisión a 10%, por decir algo. ¿Entienden ahora por qué Brasil siempre apoyará a Maduro, cuanto más y mejor reprima?