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Arturo Serrano

La lógica en los tiempos de la sinrazón

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Publicar un libro de lógica es un acto contrarrevolucionario y subversivo del orden establecido. En un contexto donde gobierna la sinrazón, y la falta de argumentos es la moneda de curso diario, un texto de este tipo socava los cimientos sobre los que se sostiene la locura de la pasión y ambición desbordadas que caracterizan a toda inspiración totalitaria. Recientemente la UCAB y la Unimet han cometido uno de estos actos, pues han tomado la acertada decisión de publicar el libro Analogía y fuerza argumentativa de Corina Yoris.

Hablar de argumentos ya de por sí es ir en contra del pensamiento monológico y totalitario, puesto que si algo caracteriza el proceso argumentativo es su inspiración democrática y de tendencia a la paz. El filósofo polaco Chaïm Perelman afirma que quien argumenta solo lo hace cuando siente hacia aquel con quien argumenta lo que él llama “contacto intelectual”, el cual incluye elementos como pensar que para mí tu opinión es importante, que eres un ser capaz de razón, que estoy dispuesto a cambiar de opinión (es decir, que acepto la temporalidad y contingencia de mis creencias), que juntos podemos construir una verdad válida para ambos y que la razón es la que debe guiar las relaciones sociales entre seres humanos. El simple hecho de que alguien acceda a entrar en un proceso argumentativo con nosotros es uno de los mayores halagos que nos pueden hacer.

La verdad producto de los argumentos es siempre una verdad preferible que debe presentarse como tal ante quienes argumentan, en contraposición a una verdad absoluta y lejana a las disquisiciones humanas. Nadie argumenta la validez del teorema de Pitágoras, sino que sencillamente lo demuestra; y ante una demostración correcta, al ser humano no le queda otra opción que –nos dice Perelman– “sucumbir ante la evidencia de la verdad”. En los argumentos, en cambio, quien argumenta no sucumbe sino que acepta. La subjetividad (representada por los prejuicios, los valores, mi educación, mis gustos, etcétera) cobra entonces una importancia antes inédita. La lógica formal pertenece al reino de la verdad en el que los contenidos dejan de importar y solo las formas son relevantes; mientras que la argumentación se desenvuelve en el pantanoso y complicado mundo de lo humano.

Es por todo lo dicho que uno de los temas más importantes de la teoría contemporánea de la argumentación es el de la fuerza argumentativa. Tema este que intenta responder a la pregunta, ¿qué hace fuerte un argumento?; es decir, ¿qué hace que un argumento convenza? Este es el tema que ocupa a Corina Yoris, con la novedad de que esto se estudia en el contexto de los argumentos analógicos. Las analogías son de mucha utilidad en ese pantanoso mundo de los argumentos, pues podemos usar un término que se nos hace claro para explicar otro que no lo es tanto gracias a que estos términos son correspondientes. Un ejemplo de esto es el de intentar explicar un gobierno (tarea complicada) haciendo uso de una analogía en la cual hacemos, tal como lo han hecho muchos teóricos políticos, corresponder a los gobiernos con los cuerpos humanos. Al hacer esto y decir que la cabeza del Estado es como la cabeza de un cuerpo, y sus brazos como el Poder Ejecutivo, su corazón como el Poder Judicial y así sucesivamente, lo que estamos haciendo es transmitir la claridad del concepto de cuerpo físico al elusivo concepto de Estado.

El argumento central que rige este libro es que en el caso de los argumentos analógicos la fuerza argumentativa de uno de los argumentos correspondientes se transmite al otro término, de tal manera que uno de los términos toma prestada la fuerza del otro. Si bien para un lector descuidado esta propuesta de Corina pudiese parecer una disquisición más entre muchas que se hacen en el campo de la argumentación, para un lector cuidadoso queda claro que en el fondo lo que intenta la autora al sostener que la fuerza argumentativa de un argumento se puede transmitir a otro por analogía es facilitar los procesos argumentativos, lo que a su vez significa facilitar la vida en común. Porque tal como hemos dicho, creer en la argumentación equivale a creer en el ser humano y en su capacidad de vivir en paz construyendo verdades en grupo.

Antes dijimos que publicar un libro es un acto contrarrevolucionario y subversivo, pero quisiera terminar diciendo que también es un acto que demuestra esperanza. Esperanza de que aún merece la pena ejercitar la inteligencia y estudiar cómo funciona la razón, esperanza de que un mundo mejor es posible, y esperanza de que mañana tendremos un mejor país. Un país donde convencernos sea importante, donde el otro deje de ser un medio y se convierta en un fin y en el que nos reconozcamos como iguales. Analogía y fuerza argumentativa es un ejemplo de esa esperanza y estoy seguro de que generaciones futuras le darán la importancia que merece y entenderán que el ejercicio de la inteligencia y la razón es el secreto para una sociedad mejor.

 

@serranoart