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Leopoldo Tablante

La logia de los orgánicos fabulosos

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En el supermercado de la esquina, la dirección en diagonal de los anaqueles hace que los clientes caminen sin sentido de la orientación, cortándose el paso, casi tropezándose, aunque con una sonrisa en los labios. El negocio es la tienda Trader Joe’s de Saint Francis Drive, en Santa Fe, Nuevo México, donde la proxémica se parece al caos de muchas mentes aturdidas por viejas experiencias psicotrópicas. La atmósfera me recuerda aquella vez en que, mientras me dedicaba a cortar vegetales durante la preparación de un almuerzo informal entre amigos y conocidos, alguna iniciada penumbrosa casi me conminó a cortar berenjenas, zanahorias y calabacines en diagonal. “Es el vector energético que les corresponde”, me susurró.

Se ven anatomías flexibles por el yoga, jubilados con buen saldo tocados por un optimismo de dientes escalofriantemente blancos o jóvenes desfalcados, que no por eso se frustran sus apetitos más nobles. Los clientes que más llaman la atención son unos devotos sikhs, adornados con turbante blanco, que parecen querer someterse a una ingeniería genética radical. En reacción a la repulsa antioriental que siguió al 11 de septiembre de 2001, muchos dueños de ojos azules y piel blanca se han asimilado a las doctrinas de Harbhajan Singh Yogi, el introductor del yoga kundalini en Estados Unidos y creador de la fundación Healthy, Happy, Holy, con sede en Española, Nuevo México. A diferencia de la escuela hindú, el yoga kundalini no promueve la renuncia total al mundo terrenal y el ascetismo. Esta escuela entrena la mente para “experimentar a Dios” mientras fomenta los impulsos emprendedores de los iniciados para deberse al mundo: buscar pareja, establecerse, reproducirse y producir.

Después de todo, Yogi Bhajan, fallecido en 2004, fue inspiración de una organización con sede en 35 países del mundo, que controla un emporio de empresas de productos orgánicos, entre cereales y cosméticos, y con una marca bien posicionada en el mercado de las infusiones, Yogi Tea, disponible incluso en Wal-Mart, ese monstruo del consumo compulsivo americano. Sin embargo, la vida ideal que patrocina la fundación Healthy, Happy, Holy ha terminado transfigurándose en una categoría de mercado más. Yogi Bajhan, quien comenzó sus enseñanzas en Estados Unidos en plena psicodelia, ha ayudado a definir los escrúpulos de la alimentación natural que se opone a la oferta de las grandes corporaciones agroindustriales. Una terrosa papa merideña, directa de una huerta que no ha recibido mayores dosis de pesticidas, es un lujo asiático en países de legumbres impecables y genéticamente modeladas. La frase: “En Central Madeirense son más frescas” no sería en Estados Unidos una expresión demagógica, para amas de casa depauperadas, que pega con el eslogan “Viva mejor por menos”; sería el resaltador de un legítimo símbolo de estatus.

Dentro del segmento orgánico, el supermercado Trader Joe’s es una opción asequible en comparación con el líder de los almacenes para progres, Whole Foods. John Mackey, fundador de esta empresa, está claro en que su fortaleza comercial reside en los consumidores más educados del país. Es por eso que las tiendas Whole Foods se localizan relativamente cerca de los campus universitarios, que suelen corresponder con las urbanizaciones de clase media y media alta. Sus clientes, que pueden pagar por un mercado más del doble de lo que pagarían en otro establecimiento convencional, se aferran a la idea de que esta cadena es escrupulosa en la calidad de sus productos y de que, además, beneficia a pequeños productores que siguen protocolos orgánicos. Poco importa el precio especulativo por una papa sucia o una zanahoria con verrugas. Para los orgánicos fabulosos, el reemplazo de una oferta de víveres convencional por otra alternativa incluso alcanza para travestirse en acto de voluntad política. Consuelo de tontos en un mundo en el que los privilegios de algunos quieren cobrar la forma de una reconciliación sincera con los accidentes de la naturaleza.