• Caracas (Venezuela)

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Cuando decimos: “No se le puede hacer huelga de hambre a quien no te quiere vivo”, creo que sugerimos, quizás sin intención, una idea tremendamente equivocada e inadecuada. 

Efectivamente, este es un gobierno sin límites categóricos. De modelito microeconómico: plenamente consecuencialista. Ya sabemos, solo cederá en la medida en que lo considere conveniente políticamente. El punto de una huelga de hambre no es cambiar la mentalidad de un opresor. El punto es alzar una causa –que es justa, compartida y urgente– a la conciencia del grueso de la sociedad, buscando politizarla y movilizarla para cambiarle la ecuación política al opresor.

Este tipo de declaraciones, más que criticar al gobierno, asumen como fija una indiferencia y estancamiento político que no ayudan a acabar. En este contexto, un mensaje público del tipo: “No te hagas daño” es en verdad incompleto. Lo que se quiere decir es: “No seas loco, nada va cambiar”. 

El motivo de la oposición y todos sus miembros debería ser acompañar la huelga con una serie de iniciativas –no violentas y constitucionales– que avancen la causa de la huelga, para motivar que las cosas cambien. Algunos se han unido a la huelga de hambre. Otros hacen vigilias. Otros protestan. Otros avanzan campañas digitales. Otros concientizan voluntades y presiones políticas internacionales... Gene Sharp identificó hace añales 198 métodos de acción no violenta contra regímenes opresores, cuando ni existían los celulares. Opciones no faltan.

Es difícil saber cuál iniciativa es la correcta, la que más impacta, la que más hace falta para torcerle el brazo al opresor. Pero lo mínimo que les deberíamos pedir a todos nuestros representantes, partidos y voceros, es que –dado que la causa es justa, compartida y urgente– avancen alguna iniciativa. El martes, la AN condenó oficialmente a Henrique Capriles de misógino y fascista por un meme. A él toda mi solidaridad. Sería equivocado criticarle diciendo que era algo de esperar, que se lo buscó, y que su chiste, unilateral e irresponsable, socava la credibilidad del voto y promueve la narrativa oficialista.

A todos nos preocupa la salud de los huelguistas, pero está mal tratarlos públicamente como si su decisión no fuera plenamente consciente de los riesgos asumidos. En lugar de criticar su racionalidad, más valdría apoyarlos en unidad, sumando con iniciativas y declaraciones que promuevan los cambios necesarios para la salud de los huelguistas, y más aún para la salud del país.

@josemoralesa