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Leopoldo Martínez Nucete

Y llegaron los chinos

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No formo parte del coro de voces que se opone a la idea de una relación económico-financiera más profunda con China. Todo lo contrario, creo que un país moderno debe colocar el tema de la relación con China entre las prioridades de su diplomacia económica.

Lo que sí resulta inmaduro es colocar la relación con China como algo excluyente de una relación con Estados Unidos; o con cualquier otro país desarrollado con el cual se puedan alcanzar oportunidades de interés para Venezuela. Y más que inmaduro, es absurdo sentarse a negociar con China a cualquier costo; por prejuicios, o para sostener un proyecto de poder que no representa un proyecto de país.

Y precisamente la primera observación crítica radica en la opacidad del llamado Fondo Chino.

En realidad no hay discusión alguna en las instancias llamadas por la Constitución y las leyes a debatir, aprobar, autorizar o controlar la ejecución de esos acuerdos y empréstitos. En el fondo, los mecanismos de financiamiento del Fondo Chino constituyen la venta a futuro de nuestra producción petrolera; sin que nadie informe sobre la tasa de interés que pagamos por los aportes financieros que hace China ni el precio de realización del petróleo entregado en pago. Hay toda clase de especulaciones e intentos para comprender el mecanismo, pero ni una sola explicación o cuenta oficial rendida al país, la Asamblea Nacional o la Contraloría General de la República sobre este asunto. A los aportes efectuados al Fondo Chino se suman créditos otorgados a Pdvsa y otros entes públicos por parte del gobierno de China, en el orden de los 8 millardos de dólares.

Una aproximación a las cuentas permite concluir que China ha prestado unos 57 millardos de dólares y el Fondem ha contribuido otros 12 millardos de dólares adicionales a los gastos e inversiones del Fondo Chino. En resumen, se han recibido y gastado 70 millardos de dólares en siete años, y el resultado neto de estos acuerdos es que todavía debemos a China 45 millardos de dólares y que estamos vendiéndoles petróleo a 65 dólares por barril, cuando el precio del mismo promedia los 100 dólares. El compromiso de la nación en entregas de petróleo se estima entre los 530.000 y 700.000 barriles diarios.

También se conoce es que el Fondo Chino sólo puede ser utilizado para realizar proyectos contratados con empresas chinas, o para hacer compras provenientes de China. El negocio es leonino. China compra petróleo barato, acumula acreencias que comprometen nuestras reservas petroleras (afectándose negativamente nuestro flujo de caja en dólares producto de las exportaciones), mientras China nos vende sus servicios y bienes a precios de mercado. Adicionalmente, se entera uno por los pasillos del mundo de los negocios, que hay una oportunidad imperdible para quién entra en el mundo de estos contratos “chinos”. Los servicios o las obras contratadas se cotizan y pagan en dólares, pero con base a presupuestos formulados en bolívares donde el valor del contrato en moneda extranjera se estima legalmente al cambio oficial (en su momento muchas obras se contrataron con estimaciones a 4,30 bolívares por 1 dólar). El resultado es una cifra colosal en dólares, pero la ejecución se hace en bolívares convertidos a la tasa de cambio no oficial de los mercados paralelos. En consecuencia, con una fracción de los dólares cobrados al Fondo Chino, se financia todo el costo en bolívares de los proyectos. Los contratistas realizan entonces una jugosa utilidad en dólares, que además, se convierte en fuente de especulación cambiaria con rendimientos financieros impensables en cualquier parte del mundo.

Finalmente, y por si fuera poco, hay muchos proyectos que han sido pagados sin control de ejecución alguno, y sin resultados visibles. Por ejemplo, el Ministerio de Agricultura y Tierras recibió asignaciones de 5 millardos de dólares para 148 proyectos, entonces, ¿por que hay escasez de productos agrícolas? El Ministerio de Energía Eléctrica recibió financiamientos por el orden de los 8 millardos de dólares; y el problema de los apagones sigue presentándose con toda clase de excusas gubernamentales. La lista es larga, la deuda inmensa. Las explicaciones o rendiciones de cuenta brillan por su ausencia.

Decía el premier chino Deng Xiaoping, cuado justificaba el viraje económico hacia el capitalismo de estado mercantilista que hoy rige en China: “Lo importante no es el color del gato sino que sepa cazar ratones”. Yo creo que relación con China es muy importante para Venezuela, pero no podemos hacer el papel de ratones.