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Adolfo P. Salgueiro

¿Cuándo llegarán los “marines”?

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La declaración del presidente Obama afirmando que la situación en Venezuela constituye “una inusual y peligrosa amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos” es tan ridícula como lo es el circo que han montado nuestro próceres bolivarianos queriendo aprovechar ese regalo para generar –con éxito inicial– un rally nacionalista que permita por algún tiempo tapar los graves problemas internos derivados del modelo ideológico y de la incompetencia en la ejecución del mismo.

Ocurre que –tal como lo explicó en esta mismas páginas (12/3) el psicólogo Axel Capriles– los norteamericanos tienen una estructura mental –a la que tienen todo el derecho– que les impide entender la percepción de Latinoamérica en materia política, y por eso suelen hacer cosas que a la postre no les salen bien. La explicación de la exagerada frase que fundamenta el decreto emitido por Obama se encuentra en las leyes norteamericanas para emergencias nacionales e internacionales que requieren que el secretario de Estado certifique el criterio de emergencia a fin de que el jefe del Estado pueda activar algunas sanciones que definitivamente no incluyen la acción militar que requiere de autorizaciones adicionales. Venezuela no es ni la primera ni la única nación que haya recibido el calificativo de “peligrosa” dentro de ese marco jurídico. Tal cosa ha ocurrido varias veces antes (Birmania, Sudán, Angola, Nicaragua, etc.) sin que hayan conducido a invasión militar alguna. Igualmente hace falta la declaratoria de “desastre” para desbloquear el uso de fondos federales para la reconstrucción de catástrofes naturales. Es una cuestión de técnica legislativa.

Michael Schifter, presidente de la muy prestigiosa ONG Diálogo Interamericano cuya sede está en Washington, ha declarado que el fulano decreto es un “regalo inmerecido” que Obama obsequia a Maduro y además Andres Oppenheimer –gurú del periodismo latino en Estados Unidos– coincide con dicho análisis.

Tomamos nota también de las declaraciones unánimes (y a veces hipócritas) de la dirigencia de oposición que no tiene más opción que decir que rechazan la ingerencia gringa, etc. Por cierto, el gobierno parece haber olvidado la injerencia cubana actual y pasada de tal suerte que hasta han levantado un monumento en homenaje a los militares cubanos que desembarcaron en la playa mirandina de Machurucuto en mayo de 1967 que generó la muerte de venezolanos y la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Lo que sí es evidente es que el gobierno norteamericano ha cambiado su anterior postura de no dignarse a responder las acusaciones del gobierno venezolano y poco a poco han ido elevando el nivel de quienes dan las respuestas desde algún subalterno portavoz inicial, luego el secretario de Estado Kerry y ahora Obama.

La experiencia histórica nos muestra repetidamente que países que tienen dificultades internas acuden con frecuencia a tensar las relaciones con las grandes potencias, muchas veces hasta casi romper la cuerda, para obtener ventajas y/o disimular o encubrir sus problemas. Estimamos que eso mismo es lo que ocurre en el presente contencioso verbal. La cuestión está en no perder la cabeza ni llegar a imbecilidades tales como hizo el caudillo panameño Noriega en 1989 ¡declarando la guerra a Estados Unidos!

No descartamos que Estados Unidos haga la vida más difícil a Venezuela y a lo mejor a los venezolanos en su conjunto. No será a través del embargo, ya que ellos mismos se han dado cuenta de que medio siglo de tal práctica con Cuba ha sido inútil y más bien afianzó el gobierno de esa isla. Tal vez será poniendo controles que dificulten los negocios, las visas, etc.

De los análisis y conversaciones en los que este columnista ha participado y escuchado recogimos algunos puntos de coincidencia que se exponen a continuación:

1) La oposición venezolana (dentro o fuera de la MUD) se queja de que los gobiernos del continente nos han abandonado (yo mismo en mi artículo de la semana pasada). Ahora, cuando un “peso pesado” sale por toda la calle del medio con un discurso –obviamente en su propio interés pero que apuntan a la defensa de los derechos humanos–, pues, entonces todo el mundo toma distancia por que se trata de Estados Unidos.

2) Todos condenan la injerencia “imperial”. Y Cuba que controla los servicios registrales, identificatorios, notariales, militares, de salud, etc., ¿no es injerencia?

3) Vale la pena notar que los sancionados en esta última lista no son las estrellas más fulgurantes de la “revolución”, sino elementos siniestros, sí, pero de segundo o tercer nivel. Con esto queda clara la advertencia a los de arriba para sugerirles que a lo mejor los niveles medios no les acompañarán en acciones reprochables y a los de abajo para que tomen nota de lo que les pudiera ocurrir cuando lleguen a posiciones que exijan mayor compromiso político. Se acabó Disneyworld y al lo mejor les sale viaje a La Haya.

Maduro & Co. parecen haber recibido un poco de oxígeno, pero ya pasado el lunes o a más tardar en pocos días amaneceremos con las mismas realidades cotidianas de colas, inseguridad, abusos, corrupción, etc., que por ser constantes y cercanas son las que preocupan a las mayorías. Veremos.