Mientras llega el socialismo
28 de marzo 2012 - 19:27
I. Desde las alturas del Gobierno se nos anuncia que en tiempos cercanos se le construirán a Caracas tres morgues más, a todo trapo, según se deduce de la declaración oficial.
Cabe imaginar que no se trata de una promesa electoral, según el comentario perverso de un amigo, aunque quién sabe, porque en esta parte tropical del mapamundi el desconcierto es ley vigente, aunque no aparezca todavía en la Gaceta Oficial.
Es que uno oye al ministro Tareck el Aissami y entra en fase piel de gallina. Siempre ufanándose del enorme trabajo que ha realizado su despacho y asomando iniciativas a cada rato -la última de ellas la reestructuración a fondo, hasta el hueso, del Cicpc-, las mismas que el tiempo se encarga luego de desmentir, si no de caricaturizar.
Uno lo oye, digo, y piensa entonces que lo de las morgues encierra tras de sí, como justificación, un clandestino y lamentable pronóstico estadístico, cocinado en la oscuridad de alguna oficina gubernamental, señal de que, como tal como van las cosas, habrá pronto un déficit en este renglón.
II. Se trata de un problema -me refiero al de la violencia en sus múltiples formas- que ha cobrado, entre nosotros, dimensiones que irritan, duelen y asustan, todo a la vez.
Un problema ignorado durante largo tiempo por el presidente Chávez, hasta que la terquedad de los datos le ha doblado el brazo.
Es un trago amargo para él, desde el punto de vista político -cómo diablos tenemos estos indicadores en plena revolución, debe preguntarse en las noches-, el cual ha tratado de endulzar a través de un menú de explicaciones, manufacturadas para no sufrir daños ideológicos colaterales.
En todos los países del mundo hay violencia, argumenta. Se trata de una exageración mediática tejida desde el imperio, añade. Es herencia de los gobiernos anteriores, complementa. Forma parte del ADN capitalista, remata. Y, como éstas, otros conejitos extraídos de su chistera, dejando ver razonamientos cada vez más enredados, prueba de que, como dicen, no hay peor cosa que una mala teoría, de allí, por cierto, los continuos resbalones estratégicos y tácticos del Gobierno.
III. Se nos dice a cada rato que Venezuela vive hoy en día su transición hacia el socialismo y, por tanto, como escribió Gramsci, el marxista italiano, lo viejo no termina de desaparecer y lo nuevo no termina de surgir.
Una frase caída del cielo para que el Presidente refuerce su combo explicativo. Así, el camino andado durante más de una década no ha sido suficiente, y para lograr la paz hay que esperar tiempo, nada breve, se nos advierte, que nos tomará llegar a la nueva sociedad, por ahora algo confusa, aunque uno tenga fundadas sospechas de que, con todo y el papel regalo bolivariano, remeda aquel modelo que se descalabró a los pies del Muro de Berlín y que hoy en día apenas sobrevive, a trompicones, en algunos pocos países.
Planteadas así las cosas, el asunto es qué hacemos los ciudadanos mientras la utopía se digna llegar hasta nosotros, a fin de que la vida de cada día no se nos vuelva tan chiquitica y temerosa.
IV. Confieso que esta es una versión cambiada y actualizada de unos cuantos artículos publicados a lo largo de los últimos años.
En mi defensa alego, sin embargo, que yo no tengo la culpa de que la realidad no haya sido, en este caso, capaz de derogar mis palabras. Y como prueba me remito a los últimos hechos: el de la hija del cónsul chileno, el del manager de Caramelos de Cianuro, el del señor abaleado delante de sus nietos, pero, sobre todo, el de los muchos, demasiados, muertos anónimos, a los que se les cambia el nombre y el apellido por un número puesto en una columna, cuyos renglones debiera dar pena sumar.
Harina de otro costal
Hace nueve años Estados Unidos invadió Irak, en nombre de la democracia y de la civilización, no fuera a pensarse que fue por el petróleo, llevándole la contra incluso a la propia ONU. Evaluando lo que ha pasado y viendo que no hay ni una rendijita para que se cuele una buena noticia, asomo de una esperanza, para los iraquíes, me pregunto si el presidente Bush aún piensa lo que pensaba o si, por el contrario, sabe que su decisión, además de un crimen, fue también una estupidez.

