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Pedro Llorens

A la llana sin rodeos

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Al recibir el premio Cervantes 2014, Juan Goytisolo, el viejo poetón (en prosa) de nacionalidad cervantina (no catalán, no español, no francés, tampoco marxista, a pesar de haberlo sido), sacó del Quijote esta frase: “A la llana sin rodeos” como lema para su discurso, aceptado y pronunciado probablemente para aprovechar una cobertura mediática pocas veces vista en un acto cultural, y quijotear a presentes y ausentes, sin excluir, estoy seguro, a los reyes Felipe y Leticia oferentes de tan pomposa ceremonia, a quienes confesó que llevaba con él la única corbata que ha tenido en seis años.

Probablemente la usa pocas veces, y se la ata al cuello, pegue o no pegue, con lo que lleva puesto, pero seguro que no lo dijo para presumir de pobre (no lo es, ni de familia ni de gustos) sino para poner en evidencia la excesiva opulencia de sus majestades, que no repiten trajes: parece que no tuvieran otra tarea que la de entrar y salir de palacio con el fin de cambiar de ropa y recoger nuevos discursos para dirigirse a otra nueva exhibición de boato, pompa, derroche, con mucho oropel y exceso de embeleco.

Todo lo contrario a la imagen que tenemos del campechano rey Juan Carlos, acostumbrado a romper esquemas (“¿Por qué no te callas?”, dijo a Chávez y lo paró en seco, en una reunión iberoamericana de mandatarios), capaz de sentarse a jugar Tute o Mus, con sus guardaespaldas… y ni hablar de la imagen de la reina Sofía, siempre impecablemente vestida dentro de la mayor sencillez (pareciera que en lugar de los modistos de gran tronío, le diseñara Carolina Herrera), cumplidora con sus súbditos aún en tiempos difíciles de cuernos, y no precisamente en cacerías, a los que tan aficionado era el marido.  

Goytisolo imagina “al hidalgo manchego, en lomos de Rocinante, acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la moderna Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o a, estrecho (Gibraltar) traviesa al pie de las verjas de Celta y Melilla…socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad”.   

Sostiene que a los lectores tocados por la gracia de Cervantes “nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedades, desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes…” y finalmente advierte que “los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia”.

Que no se enteren Maduro y Cabello: Cervantes y Goytisolo podrían ser declarados locos e injerencistas.

pllorens@el-nacional.com