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Milagros Socorro

La llaman Linda... Blair

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Hace dos años fue creado el Ministerio de Servicios Penitenciarios. Desde el primer momento, la titularidad del despacho fue confiada a la entonces diputada a la Asamblea Nacional por el PSUV, Iris Varela, quien hasta ese momento no había revelado experticia en materia penitenciaria, ni por haber desarrollado pericias científicas o en algún sentido profesionales con respecto a una problemática que por su gravedad exigía las más altas competencias. En vez de eso, Varela había sido asociada y comparada con el personaje de Regan MacNeil, de la película El exorcista (Estados Unidos, William Friedkin, 1973), un film de terror que narra la posesión diabólica de una muchacha, interpretada por Linda Blair, cuyos trances se expresan con violentas invectivas y maldiciones proferidas con voz tan escalofriante que no puede sino tener origen demoníaco.

El rasgo más prominente de Iris Varela era una ira incontenida, que encontró cauce en el hemiciclo parlamentario, donde llegó a arrojarse sobre un diputado para rasguñarlo mientras le gritaba improperios; en el estudio de grabación, contra un periodista agredido físicamente por ella; en las pantallas de TV y emisoras de radio, a través de las cuales las audiencias han tenido que tolerar sus verbo soez y destemplado, sus amenazas a la oposición democrática y su ilimitado atropello al habla de Venezuela.

Nada de esto era secreto ni poco difundido. Muy por el contrario.

La imagen de la diputada Varela jadeando después de un ataque era muy familiar. Y cada vez que iban a entrevistarla, con independencia del asunto o de la tensión que éste produjera, la diputada oficialista hacía exhibición de su agresividad mal disimulada. Tan frecuente y acentuada era su exhibición que ya parecía estar imitando a esos enmascarados de la lucha libre, que dan una vuelta al ruedo sobreactuando su fiereza para atizar el fervor del público.

Hablo en pasado no porque eso haya cambiado, sino para dejar claro cuáles eran los atributos más prominentes de Varela en la circunstancia de creación del Ministerio de Servicios Penitenciarios y de que Chávez la pusiera al frente.

No es de extrañar que en junio de 2012 la ministra prometiera a los ex reclusos que su despacho borraría los antecedentes penales de los presos que lo solicitaran, ni mucho menos que lo hiciera en los siguientes términos: "Una persona que tiene nueve años en libertad y está echándole bolas, haciendo su trabajo político, no puede quedar con ese estigma".

O que hiciera una afirmación tan irresponsable como negar que las cárceles están controladas por presos y no por las autoridades: "Pranes no hay, y el que los conozca que diga quiénes son". A pesar de que, como ha establecido Humberto Prado, coordinador de la ONG Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP): "Desde hace años es conocido en el país el liderazgo que determinados reos, denominados en el argot carcelario `pranes’, ejercen sobre el resto de la población penitenciaria, sometiéndolos en la mayoría de las 36 cárceles del país".

Bajo su ministerio, el problema creció hasta convertirse en una tragedia de ribetes crudelísimos, como los que han sido revelados a raíz de la más reciente matanza en una cárcel nacional, la de Sabaneta en Maracaibo, donde la lucha por el control del milmillonario negocio de las cárceles llegó a extremos como la mutilación de ojos, órganos y miembros en medio del espantoso enfrentamiento, donde hubo tanto plomo que alcanzó para herir e incluso matar a vecinos del penal. Asimismo, han aumentado hasta convertirse en unos de los principales flagelos del país la extorsión, los secuestros y asesinatos por encargo, coordinados desde las cárceles.

Sin embargo, fue confirmada en el cargo en abril de 2013, mediante anuncio de Maduro en cadena audiovisual. Pocas semanas antes se había dirigido a la diputada María Corina Machado, por Twitter, diciendo: "MariCori cállate la jeta sifrina llorona". A un ciudadano que inquirió por un lenocinio en Táchira, le espetó: "Tu madre lo tiene acaparado". Y en la víspera de las elecciones del 7 de octubre, se dirigió a la mitad del país en estos términos: "Chillen escuálidos, compren vaselina porque el palo que le vamos a meter no será de agua". Esto violó la Constitución de manera pública y flagrante.

En contraste, la ministra se dirige a los pranes con gran consideración, les ofrece diálogo y los felicita cuando se destacan en un concurso de baile. Ellos, por su parte, la mangonean y le echan en cara su poder.

En estas manos están las prisiones de Venezuela, esa franquicia mafiosa de un Estado violento.