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Maximiliano Tomas

La literatura argentina, a los ojos de una editora francesa

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El martes por la mañana, en la biblioteca de la Alianza Francesa, una veintena de editores, críticos y traductores escuchaba, con respeto y admiración, las palabras de Dominique Bourgois, directora del sello Christian Bourgois, fundado por su ex marido en la década del 60 y tal vez la más destacada de las llamadas editoriales independientes francesas.

El catálogo de Bourgois (una suerte de Anagrama del país galo) está compuesto por autores como Henry Miller, Susan Sontag, Ann Beattie, John Fante, Enrique Vila-Matas, Hanif Kureishi, Fernando Pessoa, J.R.R. Tolkien y Toni Morrison, y cuenta con mucho de lo mejor de la literatura argentina traducida al francés: libros de Mansilla, Copi, Arlt, Borges, Bioy, Lange, Ocampo, Walsh, Piglia, Cozarinsky, Pauls, Tabarovsky, Bizzio y Aira. También, y quizá esta sea la apuesta que mejor le haya salido, en números, a Bourgois dentro de la literatura latinoamericana, tiene los derechos de toda la obra del chileno Roberto Bolaño. "El trabajo de editor está basado en el equilibrio entre el placer y la realidad. El placer es el texto.

La realidad, los números y el negocio", dijo apenas comenzado el diálogo con los editores locales, y más tarde se refirió a lo que considera que es "un malentendido" (un rentable malentendido) acerca de la figura de Bolaño en los Estados Unidos, comparado habitualmente con Bob Dylan y Jack Kerouac, como si fuera un beatnik de fin de siglo: "Bolaño no era un personaje mítico, esa mezcla de clichés a la que se refiere la crítica estadounidense.

Tal vez lo más destacado que pueda decir sobre él es que impactaba escucharlo hablar de literatura: era una biblioteca ambulante".

A la mañana siguiente, en una charla personal y más tranquila en el lobby del hotel desde donde partió hoy hacia Santiago de Chile, Dominique Bourgois habló más detalladamente sobre la crisis del libro en Francia, la importancia que todavía tiene en su país la crítica (y de lo mucho que añora a los viejos buenos críticos literarios) a la hora de vender ejemplares, del papel central de las librerías en la cadena de comercialización de literatura (se dice que en Francia cierran doscientas librerías al año) y de las particularidades de la literatura argentina.

Según Bourgois, el desafío más urgente que enfrenta el negocio del libro es evitar la desaparición de los libreros: "Hay cadenas enormes que cerraron, como Virgin. Nuestro problema no es con el libro electrónico, un formato que crece muy lentamente. De un libro del que vendemos 100 mil ejemplares en papel, solo comercializamos 5 mil en versión digital.

Lo que hay que evitar es que plataformas como Amazon sean nuestros únicos clientes, porque quebrarían todas las librerías medianas y pequeñas. Eso reduciría la oferta a los bestsellers, y se perdería la condición de sociabilidad de los libreros, la comunidad que se genera entre ellos, los lectores y los libros. Las páginas online tienen la ventaja de la inmediatez: encargar un libro por la noche y a la mañana siguiente tenerlo en casa. Pero también reducen la oferta a lo que más se pide y se vende, es decir a los bestsellers y a los autores conocidos. Y se perdería la oportunidad de apostar y descubrir a autores nuevos".

Ese es el segmento con el que trabaja especialmente Bourgois, cuyas tiradas son pequeñas, de tres mil ejemplares, al igual que suelen hacer las editoriales independientes argentinas. Pero Bourgois, una editora "de las de antes", como le gusta definirse, marca que a diferencia de lo que suele suceder en la Argentina o en España, en Francia la palabra de los medios especializados todavía tiene un peso propio, y habla de la ausencia de una crítica literaria de calidad en la prensa escrita, aunque rescata algunas emisiones de radio y de televisión, que son seguidas con atención por los lectores. "La crítica sigue siendo muy importante", dice. "Para que un libro funcione, durante dos semanas tiene que haber notas en los medios sobre el libro y el autor.

Para los lectores, pero también para que los libreros confíen en el libro y a su vez lo recomienden. Existen programas de radio y de televisión que siguen hablando de libros, y ejercen una enorme influencia en los lectores".

¿Cuáles cree que son las particularidades de la literatura argentina? ¿Qué pueden ver en Aira o en Walsh los lectores franceses? "Los autores argentinos no tratan de imitar a nadie, no van detrás de la idea de hacer novelas a la manera norteamericana o a la francesa. Tienen una identidad y una búsqueda propia. Hay un peso de la política en su literatura, es una producción en permanente relación con su sociedad. Perón, la dictadura y lo que pasó después son marcas que nutrieron a la literatura argentina contemporánea. Incluso los textos más extravagantes de Bizzio o de Aira tienen una relación directa con lo que pasa en la sociedad argentina.

Igualmente el encuentro entre los lectores franceses y los autores argentinos es un camino que será largo. Las novelas de Aira, con su propuesta multifacética, con su proyecto literario, se entienden mejor cuando uno tiene la posibilidad de venir y caminar por Buenos Aires. Si no, cuesta entender sus referencias y acortar las diferencias culturales". Y hace una pausa y agrega, riendo pero con un resto de seriedad en los ojos: "Pero bueno, tarde o temprano ganará el Nobel, ¿no?".

Hay una última pregunta. Si tuviera que elegir a un solo autor argentino para integrar a su catálogo, ¿cuál sería? Bourgois no duda. Dice: "Borges, de quien solo tenemos Historia universal de la infamia. La verdad es que nos encantaría publicar todo Borges".