• Caracas (Venezuela)

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Lorena González

En la línea de un delgado borde

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Pocas veces las sociedades son capaces de vislumbrar los impactos que la producción de un artista asienta en la vida de los otros. El tiempo de la obra y su posibilidad de inscribirse en el futuro está anclada en las tejeduras de un delicado encuentro con el presente: rasgo perentorio, fijeza de lo incomprensible, superación de la inmediatez al traspasar los malestares y las confusiones del día a día; riesgo extremo para trasladarse en doloroso salto hacia senderos que se tejen más allá de las pasiones individuales, hurgando en señales que navegan por entre los recodos intangibles de lo humano.

Esto es con precisión lo que significa la obra de un maestro como Francisco de Goya (1746-1828); reconocido pintor y grabadista español del cual se exhibe en el Museo de Bellas Artes toda la colección de estampas que de su período gráfico poseen nuestras colecciones institucionales. La muestra lleva por nombre La mirada inconforme y reúne, bajo la curaduría de Rigel García y con el apoyo de la Embajada de España en Venezuela, series completas y selecciones de los conjuntos Pinturas de Velázquez, Caprichos, Desastres de la guerra, Tauromaquia, Disparates y Últimos caprichos.

Aunque se desempeñó como pintor de la familia Real, estuvo atento al difícil tiempo que le tocó vivir. En algunos textos se destaca que el inicio de grupos como Desastres de la guerra tuvo lugar una vez que el general Palafox, en pleno conflicto independentista, lo invitara a narrar las ruinas de la ciudad de Zaragoza, comunidad que en sangrienta batalla resistió uno de los peores embates de las tropas napoleónicas ante los levantamientos populares sucedidos desde 1808. A pesar de la terrible secuela que dejaba la muerte y frente a la injusticia que significaba el asedio de grandes ejércitos pertrechados contra la población apenas armada, el artista supo ahondar en los trasfondos de la violencia en lugar de exaltar trágicas heroicidades.

Una estampa especial tiene mucho que decir al respecto. Es la Nº 2: Con razón o sin ella. Allí, soldados franceses y combatientes españoles se matan unos a otros y mientras en la parte frontal las gélidas bayonetas imperiales doblegan el clamor de navajas desesperadas, en el fondo un grupo de españoles acuchillan sin piedad a los foráneos. La trascendencia de la obra de Goya y el porqué fue prohibida en muchas ocasiones radica en este punto crucial: mirar el dolor humano más allá de los intereses de turno.

Algunos entramados son oportunos para la reflexión. Por una extraña casualidad, esta muestra convive en el MBA junto a otra: Eufemismos imperialistas bajo la curaduría de Morela Jurado, quien reunió a un grupo de creadores oficialistas como respuesta a los sucesos de la Venezuela reciente “para dar un ejemplo contundente contra la violencia protagonizada por grupos de la oposición".

No diremos mucho más de esta muestra ya reseñada por Roldán Esteva-Grillet en su agudo artículo “El MBA a punto de RIP” publicado hace varias semanas en el diario Tal Cual. Sin embargo, es una oportunidad única para que el espectador transite en el mismo museo y al estudiar dos exposiciones distintas pueda comprender ampliamente las diferencias esenciales entre una verdadera obra de arte y un panfleto político que respira desde los oportunismos del poder.