• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Tulio Hernández

Los límites de la voluntad

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Para que la acción política democrática contra un régimen inconstitucional sea efectiva y logre sus metas no es suficiente con “tenerlas bien puestas”, como dice el habla popular venezolana, y lanzarse sin pausa ni tregua, arriesgándolo todo, a la protesta callejera. El pensamiento y la dirección estratégica de los procesos son fundamentales.

Es lo que parece confirmarnos el hecho de que, a pesar de la dura batalla que por más de treinta días han oficiado sin respiro miles y miles de venezolanos, el equipo de gobierno rojo no haya mostrado aún la más mínima voluntad de rectificación de sus políticas, el más pequeño acto de aceptación de sus errores o, más grave aún, un modesto gesto para aceptar que las protestas son la expresión legítima de millones de venezolanos cuya opinión y derechos deben ser democráticamente reconocidos.

No han sido suficientes el poco más de una veintena de muertos; el casi un millar de presos y procesados políticos; las decenas de torturados y ultrajados por las fuerzas del orden público y los escuadrones de la muerte eufemísticamente conocidos como “colectivos”;la condena por parte de la prensa mundial y las organizaciones internacionales de derechos humanos; los inmensos costos económicos en saqueos y destrozos ni, mucho menos, la paralización casi total del sistema educativo.

Nada. Salvo pocas y ambiguas aceptaciones de errores y un simulacro de diálogo (en realidad un monólogo con público invitado), el gobierno no abandona ni un segundo su único y repetitivo argumento: las manifestaciones no son legítimas, son una operación del imperio, la CIA y los poderes económicos nacionales para producir un golpe de Estado. En consecuencia actúa recurriendo, con una mano, a la Constitución y con la otra a las pistolas de sus escuadrones que distribuyen muertes por toda la geografía nacional; llamando verbalmente a la paz y, por la vía de los hechos, conduciendo el país a la guerra.

Un gobierno auténticamente democrático hace rato se hubiese sentado a dialogar de verdad. No hubiese permitido que la sangre llegara al río. Porque la revuelta ha sido lesiva al Poder. De una parte, porque hizo mostrar su lado sangrientamente totalitario tan bien maquillado por años y, simultánea y paradójicamente, su inmensa debilidad e incapacidad para disolver un levantamiento que ellos mismo han caracterizado como “minoritario”. Y, de la otra, porque ha puesto en evidencia que una parte importante del país está dispuesta a jugárselas todas –literalmente todas, incluyendo la vida, y esto no es un desplante sino una constatación –con tal de impedir que el socialismo del siglo XXI –su estatismo anacrónico, su sectarismo criminal, su incapacidad para garantizar el derecho a la vida y su capacidad para generar empobrecimiento– termine de consolidarse.

Como el Gobierno no va a dialogar, porque dialogar de verdad implicaría echar su proyecto para atrás y comenzar a respetar la Constitución, la mesa está servida para el enfrentamiento permanente. La ciudadanía común ya mostró su juego y su capacidad para la revuelta. Ahora le toca a la dirigencia opositora ponerse a la altura de las circunstancias, retomar la conducción de proceso, fijar el rumbo conectando con los sentimientos colectivos, retomar el testigo y las lecciones que la gente insurrecta en la calle nos está dejando, y entrar en una etapa de reflexión profunda, abandonando el pragmatismo electoral, la hiperquinesia proselitista y la improvisación táctica para, con el apoyo de analistas, pensadores y académicos, entrar a caracterizar con precisión al régimen y sus seguidores, y compartir visiones estratégicas, sin aferrase a dogmas –ni de la no violencia, ni de la violencia pura– a partir de una pregunta clave: ¿Cómo deben luchar los demócratas contra un poder que no lo es?

El poder usa las dos manos. En el marco constitucional ¿cuántas y cómo deben usar los demócratas ahora que, luego de su streaptease totalitario de estos días, los rojos ya no tienen nada que ocultar?