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Alejandro Tagliavini

La libertad es más poderosa que la guerra

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Muchos pensaron que Hillary Clinton exageró al decir que la intervención de Putin en Crimea recordaba la estrategia expansionista de los años 30 encarada por Hitler, pero algunas coincidencias existen: justificación de la violencia para "la protección de ciudadanos e intereses soviéticos" –previa concesión masiva de pasaportes rusos a los grupos rusófonos o afines-, desprecio por el derecho internacional y voluntad anexionista. Recordemos que el mismo presidente ruso explicó que el fin de la UR SS fue la gran catástrofe del siglo XX de modo que, por qué no, reconstruirla de ser posible.

Para los ucranianos es prioritario integrarse a la Unión Europea (UE), que debería darse prisa ya que, si fueran miembros, no los hubieran invadido. Pero, lamentablemente, los políticos europeos tienen poca urgencia por lograr un acuerdo. ¿Cómo consiguió Suiza mantenerse neutral durante las guerras mundiales, a pesar de carecer prácticamente de ejército? La libertad de la que gozan su sociedad y sus ciudadanos logra que se interrelacionen con todo el mundo de manera que nadie quiera, ni siquiera los nazis, cambiar el statu quo. La libertad es mucho más efectiva que cualquier ejército. Así, para detener a Rusia, lejos de las sanciones, la UE y la misma Ucrania deberían dar tal libertad a sus ciudadanos de modo que se integren globalmente desalentando cualquier invasión.

Pero hay otro parecido con el régimen nazi, con el famoso Ministerio del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda. Según The Guardian, para algunos amigos de Putin hay que ganar "la guerra comunicacional", que es un burdo intento por justificar sus planes, ya que la verdad se impone sola. Para entenderlo claramente veamos un caso extremo. Si una persona asegura que el arsénico es buen alimento y otra dice lo contrario, morirán los que le crean al primero que se quedará sin creyentes. Por este motivo, dicho sea de paso, no tienen sentido los programas oficiales que imponen los ministerios de educación; los contenidos deberían ser libres –y no sujetos a caprichos políticos– porque tarde o temprano la verdad se impondrá.

En esta tónica está el "presidente" venezolano, Nicolás Maduro, que encabeza un "diálogo" con la oposición bastante hipócrita, ya que mantiene encarcelados a algunos de los principales referentes con los que debería dialogar, y que no termina de explicar con claridad qué pasó con la periodista Nairobi Pinto mientras detiene a unos treinta militares por supuesta conspiración. Obviamente, tras unos 70 días de protestas con más de 40 muertos, 674 heridos y 2.285 detenidos, de los cuales al menos 175 permanecen arrestados, los medios de comunicación de todo el planeta se hicieron eco de la represión y de los más de 50 casos de torturas y maltratos denunciados.

A pesar de las decenas de millones de dólares que invierte en propaganda el gobierno, que ya tiene un Ministerio de Comunicación, se ha visto superado por la verdad al punto de que Maduro pretende "crear un nuevo ministerio para la comunicación internacional, dedicado exclusivamente a la defensa mundial de Venezuela". Con este nuevo organismo, el ejecutivo venezolano contaría con seis vicepresidencias, 32 ministerios y 111 viceministerios, lo que conlleva un descomunal gasto en infraestructura y sueldos para los "funcionales" del poder. La vecina Colombia, con 50% más de población, cuenta con un vicepresidente, 16 ministros y 30 viceministros.