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Gustavo Briceño

La libertad de expresión en Venezuela

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La democracia política la mencionamos cada vez que en sus fibras se asume y late el tema de la libertad del hombre para expresar sus pensamientos y sus ideas. No es posible desde luego, entender objetivamente la democracia sin el cumplimiento de sus elementos esenciales que bien la Carta Democrática Interamericana asume con tanta propiedad y seguridad en su artículo 3. 

Los  elementos esenciales, como el respeto al Estado de Derecho, la autonomía de los poderes públicos, jueces autónomos, entre otros; que como expresamos en opiniones anteriores, son requisitos mínimos que un gobierno debe asumir para poder al menos entrelazarse con el pensamiento de la libertad de ideas y sus ejecutorias reales, siempre y cuando exista del mismo modo cultura y educación del pueblo como destinatario primario de ello. La democracia política se asume y se mide entonces, por el grado de educación y de cultura que el pueblo tenga en una determinada sociedad y lo que ello implica grandemente en un país determinado.

La libertad de expresión y de pensamiento en un país significa nada más y nada menos que la posibilidad real y constante que tiene un ciudadano común de expresar a su viva voz y por cualquier medio sus pensamientos y sus ideas, que en el fondo de las cosas no es más que desarrollar una sociedad libre como sistema político y social. De allí que todos los organismos nacionales e internacionales encargados de preservar y difundir la democracia, cuando dictamina sobre la libertad de expresión y de pensamiento, la asemejan con el concepto de democracia, lo que explica la tesis muy acertada de que es imposible imaginarse que exista democracia sin auténtica libertad de expresión. Es decir, democracia y libertad de expresión es lo mismo.

El tema es apasionante, porque entre otras cosas, cuando un gobierno autocrático limita injustificadamente la libre circulación de ideas en los ciudadanos –sea para estar informado o para informar– afecta derechos humanos esenciales en su doble vertiente. Es el derecho humano más violado que existe por parte de un gobierno autoritario, lo que explica ciertamente su resonancia en las organizaciones protectoras de los derechos humanos y en el mundo.

La libertad de expresión en nuestro país ha sido, en estos últimos años, de una tragedia nunca vista; ni en las dictaduras pasadas de Juan Vicente Gómez ni en la de Marcos Pérez Jiménez se había violado y limitado la expresión en ideas de la gente como en la actualidad. Medios comprados, sus juntas directivas con juicios amañados por funcionarios y jueces corrompidos; y así sucesivamente. Lo que explica la urgente necesidad de salir de esto y encarar un mundo distinto en lo que a la libertad de expresión se refiere, capaz de reencontrar una sociedad abierta y libre, donde los medios de comunicación social sean de nuevo los espacios naturales para que los ciudadanos podamos expresar nuestras opiniones e informar con objetividad los hechos que ocurren aquí y en el mundo entero.

El profesor Freddy J. Orlando (el título del presente artículo es el nombre de su obra) jurista de reconocido prestigio en Venezuela, profesor universitario, ha escrito un interesante libro sobre el tema de la libertad de expresión en Venezuela, que hace un balance muy objetivo, sobre todos los antecedentes históricos de las normas jurídicas consagradas de la libertad de expresión en los momentos más importantes del gran recorrido histórico y vivencial de Venezuela, que hace con un análisis brillante sobre las regulaciones y las violaciones ocurridas en estos 300 años después de 1811.

El tema de la hegemonía comunicacional; el abuso del poder del Estado que ahora sufrimos los venezolanos, lo conceptualiza el profesor Orlando como una forma muy caracterizada de ver la dictadura moderna que se enloda por la compra antiética y extraña de medios de comunicación y su interés de atrapar órganos de información, actuando en esas compras y demandas tribunalicias sin escrúpulos y sin ética ni moral posible.

Al final, el citado autor concluye en una afirmación e idea alentadora que es preciso leer con detenimiento y perseverancia, así la interpretamos: La vuelta a la democracia es posible, y la grandeza de tener medios de comunicación sin limitaciones políticas es plausible y augura para que ello venga de nuevo.

El futuro no está tan lejos. Tenemos la esperanza de que en Venezuela pueda surgir un gobierno diferente, me refiero con gente honesta y capaz, que no haga uso de los jueces ni de cortes para encarcelar a sus opositores por opinar de forma distinta. Un nuevo gobierno decente encauzado a salir de esta maraña de limitaciones y agresiones constantes contra los ciudadanos, preguntémonos. ¿El mundo salió de Hitler y de Mussolini y de Stalin y de Somoza? Claro que sí. Lo que nos resta es actuar en consecuencia. ¡Que es lo que esperamos! Así lo creo.

 

gbricenovivas@gmail.com