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Valentín Arenas Amigó

El lenguaje de la verdad

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En una situación como la que vive Venezuela se requiere usar el lenguaje de la verdad para así poder superar tantas mentiras como se dicen. La mayor de todas es llamarle “democracia participativa” a lo que es una “dictadura comunista”. Esta gran mentira alimenta todas las demás. Vamos a señalarlas.

Llamarle gobierno constitucional a un régimen que viola la Constitución constantemente porque desconoce la autonomía de los demás poderes del Estado es falso. La Asamblea es una secretaría legal para hacer eso que llaman después leyes, cuando en realidad son decretos del Ejecutivo; la Fiscalía está dirigida por la secretaria fiscal del Ejecutivo y acusa a quien este le ordene; el TSJ ya no existe porque al carecer de autonomía sus sentencias el que las dicta es el Poder Ejecutivo; la Defensoría del Pueblo ya no defiende los derechos del ciudadano porque al no ser autónoma la maneja el autócrata, o sea, el Ejecutivo, Poder Único. Pero lo más grave no es que estos poderes no solo carecen de autonomía para actuar, sino que el control absoluto del CNE es el que decide en unas elecciones, no la voluntad del pueblo, el único soberano en una democracia, para seleccionar a los dirigentes del país.

Si esto es así, nos preguntamos ¿por qué entonces seguirle llamando la Asamblea si no lo es, porque está viciada; por qué llamarle fiscal a una funcionaria que acusa a quien le ordenen  acusar; TSJ a lo que no es la instancia superior de la justicia, sino la Secretaría Judicial  del Poder Ejecutivo que es el que dicta las sentencias; la Defensoría no defiende los derechos humanos, pues tiene ya quince años de vacaciones cobrando sueldo sin hacer nada.

Adicionalmente, el ejercicio de una autoridad totalitaria se facilita aún más si el régimen se apodera de todos los medios de comunicación –escritos, radiales y televisivos–, pues con la propaganda niega la verdad que quiera expresar la oposición política y difunde la mentira del oficialismo como si fueran  verdades. Este control casi total de los medios fortalece todavía más el Poder Único del autócrata dictador, pues le permite presentarse como una democracia cuando actúa como la autocracia que es en la vida diaria del país.

¿Políticos o paranoicos? Cuando un ciudadano busca la presidencia de su país para trabajar por el bien común es un político, pero cuando busca llegar al poder para promoverse él como persona, entonces es un paranoico que se instala en el poder para promover su persona. El primero es un político que sirve a colectivos y el segundo padece de paranoia. Busca el poder para promoverse como persona. Dos casos ilustran esta realidad. Fidel asumió la presidencia para que la ayudara a promover su personalidad política y lo logró al costo de la destrucción de Cuba. Chávez hizo lo mismo aquí, pues para satisfacer su patología no le importó nada destruir a Venezuela. Ambos repitieron la conducta que siguen todos los dictadores. La presidencia para promover personas que padecen de una patología. No son líderes, sino enfermos. Todos los dictadores tienen la misma motivación y por eso cuando salen del poder dejan un país destruido. Que hablen bien o mal de ellos es vida y que no le mencionen es muerte. Patología. Un psiquiatra amigo lo confirmó.

Derechos humanos y fronteras. Lo más grave de lo sucedido en la frontera con Colombia fue la violación de los derechos humanos de quienes allí vivían. Son personas, no animales, y se los trató como si fueran animales. ¿Por qué entonces en la reunión con Correa, donde hubo fotos y televisión, no se dijo una sola palabra sobre los derechos humanos que habían sido violados a quienes cargaban sus pertenencias expulsados como animales? La violación  de los derechos humanos de esas personas ni se mencionó siquiera en la reunión Maduro-Santos-Correa. Un show publicitario que mantuvo en silencio los derechos humanos que todos vimos cómo se violaron en la frontera colombo-venezolana. Valores primero y políticas después.