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César Pérez Vivas

El legado Chávez-Giordani

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En el proceso de implementación del brutal culto a la personalidad, en que ha devenido el actual régimen gobernante de nuestro país, uno de los elementos impulsados con mayor insistencia por el gigante y costoso aparato de propaganda oficial, lo constituye el empeño en deificar a Hugo Chávez. En los días de sus funerales se llegó a un fanatismo a través de los medios públicos, donde se le equiparaba o se le colocaba sobre Jesús. “El Cristo de los pobres”, “el comandante eterno”, “el nuevo libertador”, y pare de contar las expresiones mediante las cuales la cúpula roja trabaja su permanencia en el poder, elevando a los altares a un personaje bien alejado de santidad o divinidad.

En estos últimos meses el culto a la personalidad se centra en el eslogan de “preservar el legado del comandante eterno”. Todo lo que hace o deja de hacer Nicolás Maduro, o cualquiera de los agentes políticos del PSUV, llámese ministros, diputados, gobernadores o alcaldes, se hace con el fin de preservar el famoso “legado”.

Es precisamente en ese espíritu que Jorge Giordani nos ha entregado su particular forma de entender la preservación del legado de Chávez. A través de un documento publicado en el portal “Aporrea”, el pasado miércoles 18 de junio de 2014, Giordani se asume coautor del legado del fallecido comandante. Solo que en él mismo, este fanático y fatídico personaje, no hace otra cosa que ratificar ante propios y extraños lo que muchos venezolanos hemos venido denunciando y comunicando a nuestro pueblo. Y es que la crisis que vivimos es el resultado de un modelo equivocado y fracasado, cuyo diseño e implementación tienen en este señor a uno de sus principales responsables.

Giordani pretende lavarse las manos frente al resultado de su engendro. Pretende librar a su compañero Chávez en la cumplida tarea de la destrucción nacional, y colocar todo el peso del desastre actual sobre los hombros del sucesor Maduro, señalándolo de personaje indeciso y carente de liderazgo.

Tiene razón Giordani en la calificación de Nicolás Maduro. No decide, no gobierna, carece de liderazgo. Eso es cierto. Maduro es así, pero no admite ante el pueblo de Venezuela, el inmenso daño que sus fosilizadas ideas nos han hecho, hasta el punto de haber logrado la quiebra de un país, en medio de la más grande bonanza petrolera de todos los tiempos.

El documento es un testimonio descarnado de la destrucción de la institucionalidad, de la concentración del poder en manos de una persona (la de Chávez), a quien él podía influir, hasta el punto de lograr que sus “asesorías” fueran atendidas. Ahora ya no es oído. Ahora es excluido del gabinete, ahora está a las puertas de ingresar a la lista de los personajes indeseables.

El documento en cuestión es la confesión de delitos graves contra la nación. En efecto Giordani afirma: “En este camino del proceso bolivariano era crucial superar el desafío del 7 de octubre de 2012, así como las elecciones del 16 de diciembre de ese mismo año. Se trataba de la consolidación del poder político como un objetivo esencial para la fortaleza de la revolución y para la apertura de una nueva etapa del proceso. La superación se consiguió con un gran sacrificio y con un esfuerzo económico y financiero que llevó el acceso y uso de los recursos a niveles extremos que requerirán de una revisión para garantizar la sostenibilidad de la transformación económica y social”.

La anterior cita debería ser la base para una profunda investigación parlamentaria y judicial, que todos sabemos no ocurrirá por el nivel de control y sometimiento de los poderes públicos. Pero esa confesión es la base para que los venezolanos apreciemos el nivel de cinismo e irresponsabilidad con la que Hugo Chávez, Giordani, Maduro y toda la cúpula roja han manejado nuestro país. No les importó estrangular nuestra economía, liquidar las reservas operativas, endeudar hasta lo impensable al país, con tal de retener el poder.  La confesión es clara, las elecciones de 2012 solo se ganaron por el uso y abuso del dinero público. Nunca antes un funcionario había confesado de manera tan clara un crimen contra un pueblo como lo hace Giordani en su documento. De modo que, más que liderazgo, lo que se impuso en ese proceso fue el dinero. El dinero mal habido, el dinero derrochado. Hoy los venezolanos asistimos indignados a sus consecuencias. Lo sufrimos a diario con un incremento de la violencia criminal, ante la impunidad existente por el control político del Poder Judicial. Lo sufrimos con la brutal inflación que destruye nuestros salarios. Lo sufrimos con la escasez de bienes y servicios, fruto de “la planificación centralizada” de la que Giordani es su promotor y ejecutor. La sufrimos con la destrucción de la infraestructura nacional, por la desinversión que el populismo y la corrupción, instalada por el modelo chavista, ha generado.

De modo que lo de hoy no solo es una responsabilidad de Nicolás Maduro. Es sobre todo una responsabilidad de Chávez y de Giordani. Maduro es, junto con la crisis económica y social, la otra cara del “legado del comandante”. Fue él quien lo impuso. Su manifiesta incapacidad, su falta de liderazgo, su desconocimiento elemental de la gerencia pública, que hoy denuncia Giordani, está presente porque así lo quiso Chávez. Y junto a Maduro, es también “un legado del comandante eterno” toda esa gama de personajes que forman la cúpula roja: Rafael Ramírez, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Nelson Merentes, etc.

Ese “legado de Chávez” es el que tenemos que cambiar radicalmente. El cambio no solo consiste en derrotar política y electoralmente a sus herederos. Sino en superar las nefastas políticas estatistas, centralistas y militaristas que nos han impuesto y que constituyen la ideología del fracasado “socialismo del siglo XXI”. Hoy, y sobre todo en los días por venir, más venezolanos despertarán de la hipnosis en que los sumergió el verbo y la propaganda chavista. La dura realidad a la que asistimos los hará entender que el modelo es un fracaso.

Necesitamos que esos sectores, hasta ahora partidarios del chavismo, internalicen y asuman su rechazo al fracasado modelo, para que, sumados a quienes desde el primer momento lo hemos cuestionado, podamos consolidar la abrumadora mayoría, con la cual sentar la bases de la reconstrucción de una Venezuela democrática y moderna.