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Pedro Conde Regardiz

La lección de Mandela

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A hora cuando el mundo entero recibe la mala noticia, no se puede sino experimentar admiración por la calidad de este hombre y sorprenderse, finalmente, de que haya resistido muy bien todo tipo de manipulaciones. ¿De cuáles otras figuras históricas actuales puede decirse lo mismo? Todo en esta historia aboga por la lección de grandeza.

Eso llega, no hay duda, sin que la historia cese, sin embargo, de registrar horrores, la vulgaridad diaria. Así, esta misma semana, el mismo día, vemos el contraste de sucesivas imágenes en la televisión de la ordinariez de nuestros "políticos" y de la nobleza del luchador surafricano. ¿Caricatural? Claro que sí, ¡ciertamente! Hay que acostumbrarse o, mejor, adaptarse. Nunca hay pausa en este campo.

Nelson Mandela no solo quebró los vidrios del apartheid, le dio un sentido al situar simbólicamente las cosas en su verdadera dimensión. No en la venganza. Más bien algo diferente, que encarna misteriosamente la cara de este hombre que habría pasado 27 años de su vida en prisión (1964-1990).

Quizá, simplemente, un saber sereno e íntimo acerca de los buenos y malos lados de la naturaleza humana.

Entró en la historia de su país y del mundo como un artesano de unidad, el hombre que le facilitó, a un país increíblemente dominado por la violencia racial, el comprenderse, darse un porvenir, echándose al hombro el peso de varias generaciones de sufrimientos.

¿Quiere esto decir que todo es muy bello en Suráfrica? Evidentemente que no. ¿Han estado sus sucesores a la altura de su mensaje? ¡No! Hay pésimos hospitales, la educación es peor que cuando el apartheid, desempleo: 37%, no han realizado la prometida reforma agraria, cunden las violaciones, alta tasa de criminalidad, la policía asesinó 34 mineros que protestaban en la mina Marikana, en política exterior ni siquiera pudo mediar en los casos de Zimbabue y Libia, como se lo propuso el presidente Zuma, corrupción galopante al cabo de 19 años de gobierno del partido de Mandela (African National Congress), donde buscan membresía los que desean contactos de negocios.

Aunque han gobernado en democracia, construyeron 3 millones de viviendas, más de 3 millones de personas tienen ahora acceso al agua potable, disminución de enfermos de sida, existen relaciones raciales amables, han desaparecido los extremistas, blancos y negros, ha bajado la criminalidad, pero todavía es una de las más altas del mudo, se aprobó un plan para combatir la pobreza, la desigualdad.

Mandela fue un gran hombre del siglo XX, comprendió su tiempo y a los seres humanos. Su fuerza no proviene de aferrarse a una ideología, más bien de un alma incorruptible, fuerte, inexpugnable, como lo muestra su rostro calmado, imperturbable, a pesar del rumor de la muchedumbre y del jaleo de los cortesanos. Antes de él, la historia conoció a Gandhi, los dos dejaron huellas en su siglo. Efectivamente, la grandeza no se decreta.

Cuando sale de la prisión, ¿por qué con tal fortaleza espiritual? ¿Qué leía, si es que lo dejaban? ¿Leyó la Apología de Sócrates, los salmos? ¿Cómo forjó su sentido de la historia? Por esos logros muy limitados de los sucesores se nota que la grandeza es muy escasa. Cuando se da, hay que aprovecharla y poner un poco de lado para cuando lleguen los malos días.

Y nosotros, siempre con la insensata viveza, ¿pusimos algo de lado cuando se dio la generación libertadora? Después, ha habido problemas en Venezuela con la grandeza.

Aquí, las dictaduras no forjaron un héroe semejante, estaba entre los que asesinaron; aunque entre los resistentes a Juan Vicente Gómez, Pérez Jiménez, hubo heroísmo, pero se diluyó, en parte, en luchas ideológicas arcaicas, como AD y sus tres divisiones, origen, quizá, de la crisis nacional. Si los dirigentes sobrevivientes no se hubieran dedicado a la insensatez política, otra fuera la historia, máxime si algunos no hubieran abrigado la idea de no pasar otro exilio "limpios". ¡Qué ordinariez! Abunda ahora.