• Caracas (Venezuela)

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Valentín Arenas Amigó

Menos lamento y más acción

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Hemos vivido todos estos años en una autocracia vestida de “democracia participativa” que fue el nombre que se le dio para engañar a un pueblo que, como el venezolano, vivió en democracia durante cuarenta años y conoció el respeto a la libertad y demás derechos humanos. Por eso no suspendieron las elecciones sino que el procedimiento fue más sofisticado. Se controló al CNE y así el instrumento de la democracia para elegir aquellos que gobiernan se manejó para engañar al ciudadano y al mundo de la democracia que se estaba asesinando al burlar la voluntad del soberano por esos rectores que pasaron a ser la Secretaría Electoral del Poder Ejecutivo, único poder. De esta manera el país fue destruido, pues lo que se quería era sustituir el modelo político y económico de Venezuela de cuatro décadas para instalar una autocracia comunista copia de la cubana.

¿Cómo hemos reaccionado los ciudadanos ante la gravedad de este proyecto destructivo? Cada sector agredido cuenta la destrucción de la cual está siendo víctima, la explica con todo detalle y repite su historia siempre que tiene la oportunidad de hacerlo. De esta manera se desahoga, compensa su rabia, pero todo sigue igual o peor. Quienes han sido víctima de un familiar asesinado descargan su dolor contando lo que sucedió. Lloran y hasta ahí. Quienes tienen que hacer cada día largas colas para encontrar los alimentos que necesitan para su familia, protestan y muestran su rabia, pero de ahí no pasan, hasta el día siguiente cuando les toca hacer otra cola más. Cada día repite lo mismo. Quienes tienen un familiar enfermo y el hospital donde se encuentra les informa que no tiene la medicina que necesita para tratarle su enfermedad, tal vez para salvarle la vida, lo entrevistan periodistas, explican, protestan desesperados y si no se enferman espera también poder contar lo que les pase y quejarse, si se repite, pensando que así contribuye de alguna manera a que le atiendan su queja y la próxima vez no le suceda. Pero la carencia de medicinas se repite. Contar la historia es un deshago pero no resuelve nada, porque el régimen está en otra cosa que no es precisamente el bien común de los venezolanos.

Los trabajadores se quejan de que el salario no les alcanza para vivir. Los entrevistan en una radio o televisión que aún sigue libre y explican la situación crítica de su familia, que no saben cómo podrán alimentar y cubrir otras necesidades porque la inflación más alta de América Latina no se los permite. Angustia. Desesperación. Contando lo que les pasa liberan rabia, pero hasta ahí.

Si no regresa la democracia la situación será cada día peor. Los empresarios, a quienes les roban sus empresas, negocian después para recuperarlas, y los que la conservan dialogan para que el régimen entienda que la quiebra de ellos es también la quiebra de Venezuela. O no lo entienden o les tomará tiempo. Pero el hambre, consecuencia de la destrucción de la producción nacional, esa sí es cada día mayor. Los únicos que han ido más allá de contar lo que les sucede, pues se lanzaron a las calles a protestar, fueron las universidades y sus estudiantes, expresando así que contar y quejarse cada uno del desastre que está viviendo no basta.

Se necesita tomar las calles, pacíficamente, y que sea le pueblo, el único soberano, el que exprese de esta manera la voluntad que el CNE le burla cada vez que hay una elección. Basta ya de engaños. Basta de que la soberanía la mantenga secuestrada el Ejecutivo, poder único, a través del Poder Electoral que es manejado por el único poder: el Poder Ejecutivo.

Tenemos que contar menos lo que nos sucede, movilizarnos más y hacer aquello que nos regrese a la democracia y al Estado de Derecho. No más contar lo que nos pasa, votar tomando las calles y acelerar el cambio para que la democracia regrese y esto no se repita más nunca, pues al menos quedaremos vacunados contra ese virus mortal que llaman “revolución”. Revolución es muerte y esclavitud. Democracia es vida y libertad

 

*Profesor de Instituciones Políticas de la UCAB

alenri@gmail.com