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Andrés Cañizález

El laberinto comunicacional

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Ha dejado de existir el Sistema Nacional de Medios Públicos. Al menos así se desprende del reciente anuncio oficial del vicepresidente Nicolás Maduro y el ministro Ernesto Villegas de crear el Sistema Bolivariano de Comunicación e Información.

Desechar el modelo de Andrés Izarra, a fin de cuentas su padre creador, pone sobre el tapete al menos dos asuntos de naturaleza política. El primero tiene que ver con la proyección a largo plazo del binomio Maduro-Villegas en el poder, puesto que nadie reformula y replantea un asunto tan neurálgico como la política comunicacional si no está pensando permanecer por tiempo prolongado en el ejercicio de funciones gubernamentales.

El nuevo modelo, por otra parte, deja en evidencia la ineficacia y los límites de las posibilidades comunicacionales de este gobierno. Si a estas alturas Villegas sostiene que debe apelar al megáfono, volantes e incluso carteleras, para afrontar las campañas mediáticas, entonces algo no está funcionando bien. A partir de la gestión de Izarra al frente del Ministerio de Comunicación e Información, el Gobierno logró consolidar un aparato mediático, especialmente en televisión y radio, con cobertura total del territorio nacional. Si efectivamente, como sostiene Villegas, debe apelarse al modelo cara a cara de comunicación (que no es otra cosa que el megáfono o el volante), entonces lo que está detrás es el fracaso de los canales de televisión (VTV y Tves) en impactar a la población venezolana con los mensajes oficiales.

En palabras llanas: el mensaje oficial no está llegando. Eso es grave para la estrategia gubernamental, cuyo pivote es precisamente lo comunicacional.

En artículos anteriores sostuvimos que para el gobierno de Chávez lo más importante no son los resultados de su gestión, sino su posicionamiento público. Esto se evidencia en relación con temas cruciales como el déficit de vivienda, con la idea ­ya bastante extendida entre la gente­ de que ningún otro gobierno hizo tantas viviendas como éste.

Mientras se posiciona este tópico en la opinión pública, no hay posibilidades efectivas de hacer veeduría ciudadana al punto de que no sabemos con exactitud el número de viviendas entregadas ­realmente­ ni la calidad y servicios presentes en tales residencias.

¿Por qué el nuevo Sistema Bolivariano de Comunicación e Información? Primeramente la gestión de Villegas, proyectada a largo plazo, necesita una identificación propia, que hable de un nuevo momento comunicacional, cuando justamente estamos en un nuevo momento político. Al anterior sistema se le identificaba con Izarra. El Sibci, como se le ha comenzado a llamar, viene a constituir, entonces, el sello de identidad del ministro Villegas.

La ausencia del principal y casi exclusivo vocero de este régimen, Hugo Chávez, además afectado no sólo de salud sino golpeado en su principal herramienta política (su palabra, su capacidad de hablar), obliga a replantearse el modelo de comunicación gubernamental.

Ninguno de quienes están hoy en funciones de alto gobierno puede dar una cadena nacional de cinco horas, y menos tratar de sustituir a Chávez. No hay chance, Maduro, para un Aló, vicepresidente.

Estando ausente el gran líder y vocero, y pasando a ser la base chavista el espacio multiplicador de la propuesta política, "Chávez somos todos" o "Yo soy Chávez", entonces una derivación lógica es una nueva propuesta comunicacional en la que la gente llana pase a ser comunicador oficial. Por eso el megáfono, la cartelera o el mural, se trata de herramientas al alcance de aquellos que se asumen como Chávez.

¿Alguien recuerda la guerrilla comunicacional que lanzó Tania Díaz en su breve paso por el Minci? Eso fue en el año 2010 y posiblemente ni ella misma sepa lo que se hizo después de aquel anuncio. Como hemos dicho en otras oportunidades, si en algo resulta efectivo este gobierno es en generar acontecimientos y anuncios que ocupen la agenda mediática nacional. ¿El Sibci será más de lo mismo?