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Ildemaro Torres

No es un juego

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entir en función de no cumplir, de manipular y así no dar las anunciadas y prometidas soluciones a quienes con un problema real acuden a él, es algo que no le importa mayormente al comandante, acostumbrado como está a inventar respuestas emanadas de su condición farsante y truculenta. 

Hay casos en que los resultados negativos se reducen a la frustración y el desencanto de la persona o la familia engañadas; mientras él constata satisfecho cómo el poder le permite incurrir en esa y peores actitudes, haciendo creer que lo no cumplido ha sido debido a fallas administrativas por las que culpa a un tercero, quedando él libre de toda responsabilidad y culpa. 

Sabemos que hay muchos casos de más profunda gravedad, en los que va en juego hasta la vida de esa persona que necesita la ayuda y clama por ella, que cree el ofrecimiento, se ilusiona con lo escuchado que le fomenta la esperanza, hasta imaginarse en goce de la ansiada respuesta a su agonía. Me refiero en especial a las viviendas, anunciadas con gran despliegue publicitario en cantidad y hasta eventual calidad, como solución rápida, efectiva y masiva a tan álgido problema. 

Es sin duda una compleja situación dado el alto número de personas afectadas por tal carencia, a lo que se suman otros aspectos no menos preocupantes. En cuanto al Presidente, en la tensa fase preelectoral aún reciente, era perceptible que en el ámbito de la política internacional ya resultaba insólito el nivel de degradación de su discurso, y de negativa impresión lo desbocado de su agresividad y procacidad. Asimismo se hizo patente que atravesaba entonces un momento difícil con la acumulación de fracasos, sin eco solidario en sus decisiones disparatadas. Lo cual explica que en forma manifiesta llegara a estar desesperado por el logro del triunfo en esos comicios y echara mano de toda clase de recursos; ese afán incluía ofrecer casas y apartamentos por miles, hasta con reparto previo de títulos de propiedad, tomando calles, invadiendo terrenos y allanando estacionamientos, para montar edificios en ellos, si posible en pocos días. 

Una vez le comenté a mi esposa que ver a esos albañiles pegando afanados los ladrillos, me recordaba a nuestro hijo que de niño amaba su juego de Lego, con el cual hacía construcciones formidables. 

Ella me recordó cuán cuidadoso era él y lo ordenado colocando las piezas debidamente alineadas y articuladas, y que viera en cambio cómo estaban poniendo esos ladrillos personas que parecían no tener experiencia alguna al respecto; y en verdad, era tal la irregularidad que los ladrillos no seguían un orden, sino que están simplemente pegados con un poco de mezcla entre uno y otro; y de allí que se apresuran a frisar y pintar dichas "paredes" de manera que todo lo mal hecho quede oculto. 

Ha habido denuncias acerca de la ausencia o mala instalación interna, de corriente eléctrica, suministro de agua limpia y drenaje de las negras: contribución al caos que habrá de producirse al tener esas áreas recién hechas miles de nuevos habitantes, en ausencia de soluciones a lo planteado. 

También han sido reportadas paredes agrietadas, y hasta casas en el interior del país que acabadas de fabricar se han derrumbado. Y yo, ante tantas e intranquilizantes evidencias, a nombre de que no padezcamos situaciones dolorosamente trágicas, junto con denunciar la anomalía, demandar adecuadas respuestas y exigir del Presidente más responsabilidad en la valoración y protección de la vida humana, propongo como una constante no decaer ni renunciar en nuestro enfrentamiento a la barbarie, y asimismo, junto a los fieles creyentes, pedirle a Dios que nunca tengamos ni el más leve movimiento sísmico.