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Antonio Sánchez García

¿Cuándo se jodió Venezuela? (II)

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Los saqueadores

Ya en Hegel y la Ilustración se establece epistemológicamente el olímpico desprecio por la naturaleza que, del otro extremo y por los mismos años, Humboldt veneraba casi como objeto de culto. A su maravillosa Fenomenología del Espíritu no correspondió Hegel con una Fenomenología de la Naturaleza. Con lo cual no hacía más que elevar a su apoteosis el espíritu saqueador que motivara a las grandes expediciones del descubrimiento y conquista con los que Occidente se hace del control y dominio de las tierras y marocéanos. Apoderarse del planeta para hacerlo fuente de su enriquecimiento perpetuo: no fue otro el propósito objetivo de ese giro de proporciones colosales iniciado por los Reyes Católicos y el mercantilismo imperial de la mano del genio de Cristóbal Colón.

Marx le dio legitimación absoluta al saqueo, siempre y cuando de la mano de la dictadura del proletariado. Si hasta entonces Cortés, los Fugger y los Walzer y sus adelantados tenían carta blanca para saquear pueblos y territorios, con Marx la franquicia la recibieron Lenin, Mao, Castro y los suyos. Está comprobado: ningún proceso de industrialización se cumplió devastando de manera más aterradora a la naturaleza, al paisaje y su entorno y envileciendo de manera más exhaustiva la mano de obra esclavizada que la industrialización a marchas forzadas de la Unión Soviética, satélites incluidos, y de China. Está por escribirse la historia de la devastación humana y social, geográfica y natural provocada por el socialismo. Sin por ello meter en saco roto la causada por el colonialismo, el imperialismo y el capitalismo en su fase expansiva. Si tales procesos tuvieron lugar aplastando, masacrando y triturando carne humana por toneladas ¿qué respeto podrían haber tenido los bolivarianos, en el más bajo y ruin peldaño de la escala “revolucionaria” por ríos, valles y montañas, pueblos, aldeas y ciudades, cerros, barrios y rancheríos, sin contar la pobresía de Venezuela?

Lo cuento sin pretensiones divulgadoras, sino para entender el contexto en el que la barbarie gobernante le ha caído a saco a las fuentes de nuestra expoliada riqueza: la agricultura, la ganadería, la minería y, last but not least: el petróleo. La barbarie castrochavista, hoy controlada por los esbirros y seguidores del caudillo bajo la dirección de la tiranía cubana, no reproduce ni le extrae leche a las vacas: las canibaliza hasta los huesos. O las deja pudrirse. Lo importante es que la ganadería autóctona no sobreviva, ni muchísimo menos la clase que la hacía producir. No cultiva el campo: arranca sus frutos de raíz y se los devora, apartando de un manotazo a agricultores y campesinos emprendedores. O los deja pudrirse. No produce petróleo: lo chupa tanto como puede, sin atender a normas ni procedimientos, a trancas y barrancas, para vomitarlo y venderlo. O regalarlo, si se trata del intercambio de presentes entre tribus aliadas del mismo rango. Devastando los pozos petrolíferos y precipitando su agotamiento.

Devoran, mascan, regurgitan y vuelven a tragar lo que las necesidades animales inmediatas les ordenan: no cazan, porque los jefes les proveen. Para eso está el petróleo, para eso, Cadivi. Pero han descendido a un estadio anterior al de la caza: la simple recolección. Entre un salvaje en guayuco recogiendo mariscos y frutos y un rojo rojito instalado en una cola de mercal las diferencias sólo son aparentes. En desmedro del rojo rojito. El vestuario, el dinero, las formas: en esencia un chavista es tan recolector como un yanomami. Con una desventaja: ha perdido el contacto con su humanidad y vegeta en la marginalidad de la misión o el capricho de la beca, adosado a la teta del PSUV. Como lo presagiara Uslar Pietri en una visión dantesca, el chavismo reconvirtió a Venezuela en la tribu originaria, si bien ahora parasitando, echada por millones a la espera del turno de succión en las esquilmadas ubres petroleras.

Chuparán del petróleo hasta que se agote. Lo regalarán a sus pares e iguales de otras tribus y otras regiones hasta que les alcance. Luego de un sistemático saqueo de sus cuencas, depósitos y reservas estratégicas, cada día menos estratégicas y más tácticas: ganarse el aplauso de la chulería cubana. Se han apoderado de un territorio, de unas tierras, de unos lagos y océanos y de unas instalaciones como las mangas de langostas cubren un territorio y lo devoran hasta no dejar brizna. Nadie los moverá de allí, hasta que se conviertan en secas y yermas extensiones como las que vemos transmitidas en vivo y en directo desde Marte.

Si el planeta va acortando los ciclos de su reproducción y los hombres se comen por anticipado lo que debería esperar a ser producido y reproducido, como que según los últimos informes de los organismos internacionales especializados ya nos comimos este año lo que debió haber aguantado hasta el último día del año (‪ln.is/www.elmundo.es/cienc/NbuyG …a@elmundo.es) en 2050 necesitaremos de 3 planetas como éste, que estamos canibalizando, para poder sobrevivir. En Venezuela ya nos comimos lo que debió haber aguantado un par de generaciones y la gracia es que, sin petróleo, descenderemos al verdadero estado de nuestra realidad física y moral: Haití.

Son los saqueadores que nos oprimen. Inescrupulosos, maleantes, incultos, forajidos y facinerosos. Queda preguntarse si ya será demasiado tarde para sacárselos de encima, si la cantidad del saqueo superó la capacidad de regeneración y si Venezuela se jodió definitivamente. La respuesta depende de nosotros.