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Jorge Castañeda

La izquierda en su crisis

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La izquierda latinoamericana pasa por un momento trascendente y difícil. Este próximo domingo se resolverá si el PT sigue en poder en Brasil, acumulando, si gana, 16 años consecutivos al mando; el Frente Amplio en Uruguay enfrenta una elección adversa, también este domingo, en la llamada República Oriental; Cuba, todavía la meca para muchos de los adeptos del progresismo tradicional conforta hoy una nueva crisis de balseros. Conviene subrayarlo como informó The New York Times hace algunos días, en el ejercicio que concluyó el pasado septiembre en Estados Unidos, llegaron 25.000 cubanos sin visas, el doble del año anterior y el número más elevado desde la crisis de los balseros de 1994. Se sabe que toda expulsión de migrantes de la isla hacia Miami o Yucatán responde siempre, en parte por lo menos, a las terribles dificultades económicas del momento en Cuba, las de hoy no empalidecen frente a las de otras épocas. En Venezuela, el desplome mundial de los precios del petróleo afecta el presupuesto de un Estado que depende 95% de sus ingresos de Pdvsa al grado, si a eso sumamos la caída de la producción venezolana, que empieza a obligar al país a enviar crudo ligero para mezclarlo con crudo pesado del Orinoco y no perder contratos y gente. Y en México, de una manera trágica, paradójica y casi irresoluble, la izquierda mexicana sufre los estragos de los terribles acontecimientos de Iguala, de los cuales no podrá reponerse fácilmente.

Todos salen raspados en Guerrero. El PRD ahora presidido por el sensato y talentoso Carlos Navarrete, por no encontrar la cuadratura del círculo y haber postulado a Ángel Aguirre como su candidato a gobernador hace 5 años. Morena y López Obrador, por querer postular para el año entrante a un candidato vinculado al presidente municipal de Iguala, y al trágico episodio de los desaparecidos de Ayotzinapa. La fracción de izquierda de la comentocracia y de los medios mexicanos también sale mal parada porque, con algunas notables excepciones, no pudo vaticinar lo que iba a suceder, no lo denunció a tiempo, y ahora anda tratando de recuperar el tiempo y la distancia perdida frente a los estudiantes de buena parte del país, a los familiares de la víctimas, y otros sectores enardecidos.

El problema para la izquierda mexicana es doble. Por un lado, se encuentra tan infiltrada e involucrada con fenómenos de corrupción, de narcotráfico, y de represión y crimen organizado como el PRI y en menor medida el PAN. No logra despojarse de la imagen de un segmento del espectro político al final del día igual a los demás. Por el otro, el día a día de la presidencia del PRD, la crisis de Guerrero, las candidaturas del año entrante, el reparto del botín del INE, la perpetua guerra de tribus en su seno y ahora la confrontación PRD-Morena, les impide a unos y a otros entablar el aggiornamento político, ideológico e internacional indispensable para que la izquierda pueda ganar la elección presidencial en un país donde todo se presta a que efectivamente triunfe electoralmente. Si fuera cierto que, además, en Guerrero volveríamos a las épocas de cavernas guerrilleras, peor tantito para la izquierda que se verá obligada a definirse a favor o en contra de las mismas.

En estas condiciones, y ante el creciente debilitamiento del gobierno de Peña Nieto debido a factores fura de su control y de reacciones erráticas –bajo su control– ante esos fenómenos, y ante el persistente letargo económico, se confirma la posibilidad de una pesadilla en 2018. En cuatro partes. Un solo candidato de izquierda: López Obrador. Un programa y un discurso de ese candidato cavernícola. Un PRI incapaz de mejorar el desempeño en el ámbito que fuera de la vida real de los mexicanos del PAN durante doce años. Y un PAN incapaz de entender que solo puede ganar elecciones cuando postula candidatos… no panistas de corazón.