• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

Un inventario de maldades

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Cuando hacemos un resumen de los años de los chavistas en el gobierno, podemos claramente visualizar las patrañas, maldades y pecados que han cometido contra sus opositores. Nunca han vacilado en el uso de emboscadas, guerra sucia, manipulación de la justicia, engaños, trucos y retrucos.

Si hubo una vez un matrimonio político entre verdes y blancos, quienes al turnarse en el poder daban zarpazos hirientes a sus opositores, principalmente contra nosotros, la izquierda (MAS, MIR, MEP, Bandera Roja, PRV, Liga Socialista, PCV), no es menos cierto que por las rendijas de la democracia, por los intersticios del poder a menudo se coleaban algunos para participar en las esferas del poder público. Yo mismo, siendo activista público del MIR, trabajaba libremente en el desaparecido INOS y lo hice por más de cinco años. Nunca me obligaron a usar ni franelas blancas ni franelas verdes. A las manifestaciones progubernamentales, ciertamente, todos los obreros y empleados eran convocados; a quien asistía le proveían de la misma canasta actual (franela, gorro, agua y estipendios), pero nunca, jamás de los jamases, tuve conocimiento de alguien que hubiese sido despedido por no asistir. No había temor de no asistir.

Cuando Pérez desarrolló el sistema de becas Gran Mariscal de Ayacucho, fueron cientos los miembros opositores, los estudiantes opositores, los hijos de dirigentes de izquierda que fueron seleccionados libremente con becas estudiantiles para pregrados y posgrados. Pensar que alguien de Primero Justicia o Copei pueda tener una beca actual en el Gran Mariscal de Ayacucho es, por lo menos, una ilusión o, más ciertamente, una estupidez. Un imposible. Estos rojos prestados andan cargados de odios y resentimientos.

Parece imposible que algunos dirigentes ucevistas, tan defensores ellos de la autonomía, se hayan pervertido miserablemente y convertido hoy no sólo en parias de su Alma Máter, sino en los verdugos insensibles y corruptos contra los opositores, sus antiguos amigos. Pasaron de carne viva a miasma purulenta. Los casos de las persecuciones políticas son innombrables. Ramón Martínez. Eduardo Manuit. Manuel Rosales. El Gato Briceño. Las perversidades contra los comisarios son espeluznantes.

Fue el mismo presidente Chávez y su grupo de conjurados quienes, a pesar de protagonizar un golpe de Estado, fallido y bufo, que sorprendentemente lo celebran como victoria (hazme tú el favor) donde hubo sangre, heridos y muertos, fue puesto en libertad en procura de la unidad nacional y la reconciliación de los venezolanos. De ese hecho magnánimo no aprendió nada. El afán de odio no ha parado ni un instante.

Los distintos poderes públicos postrados y rendidos, deambulan por los pasillos de Miraflores y los ministerios buscando prebendas, contratos y perdones. Le robaron el nombre a Podemos y al PPT. Acusan temerariamente a Henri Falcón, usando para ello a los diputados y dirigentes más aberrantes y despreciables. Más tarde tratan de acorralar a Primero Justicia, atacan a Richard Mardo. Penalizan a David Uzcátegui. Amenazan con cárcel a Leopoldo López. No hay maniobra, ardid o amaño que los rojos falsos, no estén dispuestos a usar. Si alguna vez tuvieron escrúpulos seguramente los enterraron profundamente en algún lugar de su cuerpo o de su alma, para nunca más mostrarlos.

La Asamblea es incapaz, utilizando su mayoría espuria, de interpelar, de investigar, de condenar los escandalosos robos en la administración pública. Aducen corrientemente que los casos no revisten importancia. Pudreval. El maletín argentino. Sitme. La minería ilegal. Las denuncias de Aponte Aponte. Todas duermen el obligado sueño del cohecho y la conchupancia. Quizás los gerentes actuales del poder tienen el sueño del olvido. Les recuerdo a Jorge Luis Borges y su poema Everness. “Sólo una cosa no hay. Es el olvido. Dios que salva el metal, salva la escoria”.