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Vladimir Villegas

La intervención en Siria

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En los próximos días el Congreso de Estados Unidos deberá tomar una decisión con respecto a si autoriza o no la operación militar que el presidente Barack Obama quiere llevar a cabo en Siria, sin tomar en cuenta la opinión de la comunidad internacional, que tiene en la Organización de Naciones Unidas el escenario para decidir las acciones que se llevarán a cabo en cualquier conflicto en el cual esté jugándose la vida de uno o más pueblos.

El Congreso norteamericano decidirá entonces por el resto del mundo, y si así lo aprueba, nada detendrá un ataque militar contra Siria, una nación árabe que hoy vive en medio de una sangrienta guerra civil, de la cual sabemos a través de lo que se nos informa por diversas agencias y cadenas noticiosas internacionales. La acusación contra el Gobierno sirio es que presuntamente estaría utilizando armas químicas contra la población civil y contra los grupos opositores armados que cuentan con el apoyo de otros países árabes y occidentales. Desde aquí no sabemos quién utiliza las armas químicas, si el gobierno de Bashar al Assad o los grupos armados que conforman una alianza en la cual participa hasta el grupo terrorista Al Qaeda. Esperemos el informe de los inspectores de la ONU.

No comulgo con el régimen que existe en Siria, y que ha estado en el poder muchísimos años con importante apoyo popular. Pero de allí a aplaudir o apoyar una nueva intervención militar de una o varias potencias el trecho es muy pero muy largo. Los problemas internos de Siria deben resolverlos los sirios, y eso es lo coherente con respecto al principio de autodeterminación de los pueblos. Lo de Siria, por lo visto hasta ahora, ha pasado de ser un conflicto interno a una intervención de hecho de otros países que han armado hasta los dientes a un ejército rebelde que no disimula en mostrar una conducta tan o más cruel que la atribuida a las fuerzas de Al Assad.

Aceptar una intervención militar de Estados Unidos en Siria es sencillamente dar el visto bueno por adelantado para que mañana eso mismo pueda ocurrir en Venezuela o en cualquier otro país latinoamericano, como de hecho ha ocurrido en Latinoamérica. Es seguir cavando la tumba para enterrar de una buena vez a la ONU y retrotraernos sin disimulos a la ley del más fuerte. ¿Para qué existen entonces las instancias internacionales debidamente legitimadas por todos los gobiernos del mundo?

No se trata de apostar a la reactivación de una retórica antinorteamericana, a veces tan vacía como las posiciones de quienes apoyan automáticamente todo lo que venga aprobado u ordenado por Washington. Se trata de defender la vigencia de la ONU como escenario natural para el debate y para la toma de decisiones sobre lo que se debe hacer en Siria o en cualquier otro país en una coyuntura similar. El propio ex presidente Jimmy Carter ha marcado distancia de la eventual intervención unilateral norteamericana en Siria sin la venia del Consejo de
Seguridad, y lo hace desde su natural óptica de defensa de los intereses de su país. Cada quien mira ese conflicto desde sus intereses, y quizás en la última fila de las prioridades están los intereses y los derechos del pueblo sirio.
Si tienen dudas pregunten a los iraquíes, luego de las intervenciones militares “quirúrgicas” con el argumento del uso de armas químicas, que luego fue desmentido por los propios promotores de esas operaciones.

Guerra química
Continúa la guerra química contra este servidor por ejercer en Globovisión nuestra labor periodística y promover la despolarización en medios públicos y privados. Hablo con mi trabajo profesional y no me detendrán ni artículos ni caricaturas como las que, incluso en este diario, se han publicado para destruirme moralmente. Pierden su tiempo. Otra cosa es el debate sin chantaje, al cual le doy la bienvenida.