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Sergio Monsalve

La inteligencia emocional de Intensa-Mente

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¿Qué sucede en la mente de un niño, de una persona, de una familia? ¿Cómo trabaja nuestro cerebro? Son preguntas formuladas desde tiempos remotos por la ciencia, la religión, la filosofía, la psicología y la antropología. Dependiendo del área de estudio, las respuestas varían, difieren o coinciden en el diagnóstico.  

Alrededor de ello, el cine registra una historia paralela, a la forma de una caja de resonancia, de una tomografía cerebral, donde se proyectan los mapas del inconsciente colectivo de cada época.

Antes y después de la Segunda Guerra Mundial, las películas plasmaron el declive de la racionalidad occidental. Diferentes autores sentaron en el diván a personajes devenidos en pacientes de una terapia freudiana.  

Las psicopatías fueron el caldo de cultivo de géneros como el suspenso, el terror, el film noir y el policial. Los sesenta abrieron la puerta a espacios recónditos del pensamiento alternativo. Las alucinaciones inspiraron fantasías psicotrópicas, rodadas en 24 cuadros por segundo.  

Liberados de represiones y censuras, los realizadores expandieron los límites de la creatividad, así como de la investigación en las zonas oscuras de la materia gris. La locura, la lucidez, la neurosis, la esquizofrenia, la imaginación y el delirio construyeron el tejido universal de la memoria audiovisual.

Intensa-Mente, nueva genialidad de Pixar, viene entonces a sumarse a una cruzada, a una búsqueda iniciada siglos atrás.

Deben bajarle dos si esperan de ella una reflexión solemne y académica sobre el tema.

Críticos enfermos de importancia tómense un respiro, cálmense un poco, dejen de fruncir el ceño y entréguense como cualquier ciudadano de a pie al placer de deleitarse con el emotivo ejercicio de estilo de una de las obras maestras de la animación de 2015, respaldada por el emporio Disney.

Mención aparte para el tierno cortometraje difundido como antesala de la función principal. Se titula I Lava You y condensa, en pocos minutos, la envidiable capacidad de la compañía para conectar con los sentimientos más nobles del gran público. Si les da la gana, táchenlo de cursi, complaciente y populista. Es su problema.

La gente lo celebra, lo llora y lo recibe con una sonrisa de oreja a oreja, pues seguramente quiere huir de las malas vibras, de los odios y de los resentimientos, para acoplarse al lenguaje de los afectos primarios.

Ahí mismo reside la fórmula del éxito de la pieza confeccionada en 3D por el sensible artífice de Up, Pete Docter, guionista aventajado y director de avanzada.

Describir la complejidad argumental de Intensa-Mente consumiría la extensión de varios párrafos. Mejor cumplimos con recomendárselas y resumírselas en pocas palabras.

Básicamente, nos introduce en el sistema límbico de una niña y sus padres, cuyos estados de ánimo resultan manejados por una entrañable base de operaciones, constituida por cinco pequeños representantes de las emociones fundamentales de la condición humana, según el enfoque del libreto: Desagrado, Temor, Disgusto, Tristeza y Alegría (la líder del grupo). Una mudanza a San Francisco trastoca la estabilidad del trío protagónico al dinamitar el conflicto medular de la trama.

En adelante, se desarrolla la aventura interior y exterior de crecimiento, de madurez intelectual de los personajes. A la postre, aprenden a quemar etapas, a adaptarse a un contexto distinto, a lidiar con sus diferencias, a consolidar su lazos de unión, a superar los momentos de crisis.

Dentro de los cuerpos funciona una lúdica y surrealista maquinaría de recuerdos, abstracciones, pesadillas, fantasmas, sueños, furias, desencantos, colores pop e ideas mutantes, bajo el entramado de una suerte de galería de viñetas posmodernas de vanguardia.

Especial reconocimiento a las secuencias de la despedida del amigo ficticio, del cuarto de los experimentos de deconstrucción figurativa, de la caída en el foso del olvido, del desplome de las islas, de la impredecible solución del nudo del relato.

La depresión y la melancolía descifran la clave para volver a  recuperar la armonía, la felicidad y el equilibrio del conjunto, del núcleo, ilustrado con trazo fino.
Aunque no lo parezca, una moraleja intensa y adulta como su título, pero a la vez digna de una fábula infantil de altura.

Conmovedora y optimista, la audiencia la recompensa en la sala con aplausos al final de la faena.

Necesitamos reconciliarnos con las cosas hechas con amor y respeto a las neuronas del espectador.

Quédense para la sección de créditos. El humor se incrementa al doble. Igual, los chistes siempre llegan al instante indicado, para descomprimir las tensiones del trayecto, del viaje, de la odisea.

El retorno a casa, el regreso a la esencia cálida, bucólica y grata de Pixar.

La resurrección de un espíritu consagrado al diseño de valores trascendentales como la belleza y la bondad.