• Caracas (Venezuela)

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César Pérez Vivas

La integración es el camino

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La implementación del modelo de economía socialista en nuestro país ha logrado el milagro de desaparecer, por arte de magia,  la másfabulosa suma de recursos financieros jamás recibida a lo largo de toda nuestra existencia republicana; de destruir el aparato económico interno, devaluar la moneda, generar una brutal escases, y establecer una corrupción generalizada de todo el sistema público y económico.

No es el nuestro el primer país donde las recetas de la economía marxista, vale decir estatización de los medios de producción, planificación centralizada y regularización estatal de toda actividad económica, han producido el desastre de arruinar a un pueblo y someterlo a las más elementales carencias. El socialismo del siglo XXI, que es una copia del mismo que se implementó en el siglo XX, ha producido los mismos efectos devastadores sobre la economía que se produjeron en la Europa del Este o en Cuba.

El modelo de economía marxista,  implementado por la secta militarista que encabezó Hugo Chávez, nos ha producido un aislamiento en el campo de la economía real francamente deprimente y alarmante.

En las zonas de frontera el daño es mucho más severo. Se ha producido una asimetría brutal entre nuestra economía y la de los países vecinos. Mientras Colombia, Brasil y los países del Caribe tienen una economía de mercado, aquí tenemos una economía estatizada, distorsionada por una serie de corrompidos subsidios, fuertemente controlada y regulada.

La gente ha abandonado el trabajo productivo y ha dedicado su tiempo a vivir de la asimetría económica. Frente a los nefastos efectos hambreadores de la inflación y la devaluación, miles de personas en zonas de frontera prefieren dedicar su tiempo a trabajar para la economía de extracción que a trabajar en una actividad generadora de bienes o servicios.

Por una parte no hay condiciones para la labor de la agricultura y la industria. La obsesión de la nomenclatura oficial de considerar enemigo a quien produce bienes, y someterlo a todo tipo de persecuciones y controles, ha desestimulado a miles de personas para intentar producir en nuestro territorio alimentos o bienes manufacturados. Solo sobreviven quienes por años y tradición tienen una infraestructura para la producción. Por otra parte, los ingresos de los trabajadores están fuertemente devaluados. Todo eso hace que el camino más expedito para mejorar los ingresos de las familias sea llevar productos subsidiados o de bajos precios por razón del valor del bolívar a los países vecinos.

La respuesta del gobierno a este proceso de destrucción de nuestra economía, y de despilfarro de nuestros ingresos petroleros (vía subsidios corrompidos) ha sido la militarización, el cierre de fronteras, la ruptura de relaciones económicas con los vecinos.

La tragedia comienza con la infeliz decisión del difunto presidente Chávez de sacar a Venezuela de la Comunidad Andina. Nuestra realidad geopolítica indica que la primera tarea de intercambio humano y económico es con los vecinos más próximos. Ello son Colombia, Ecuador, Perú, el Caribe y Brasil.

Movidos por razones de naturaleza estrictamente política, rompimos nuestra histórica relación comercial con Colombia, y abandonamos todas las políticas de orden monetario, arancelario, tributario y aduanero para hacer más eficiente ese intercambio. Ello ha producido una asimetría con la economía colombiana.

Durante quince años los magos de la economía chavo-socialista no se percataron de la existencia de vecinos. No entendieron la vida económica de los vecinos. La soberbia de unos ingresos petroleros abundantes les llevó a pensar que éramos súper poderosos e invulnerables. Jamás se preocuparon por pensar en evaluar nuestra economía,  a la luz de las realidades de la economía mundial, mucho menos a la luz de las realidades económicas del entorno geopolítico. Hoy, cuando, al decir de Giordani, para mantener a la revolución en el poder liquidaron los recursos de la República, hasta el punto de  que la victoria “ se consiguió con un gran sacrificio y con un esfuerzo económico y financiero que llevó el acceso y uso de los recursos a niveles extremos que requerirán de una revisión para garantizar la sostenibilidad de la transformación económica y social”, y no hay dinero para mantener esos esquemas de gasto público,  el régimen recurre a la represión para frenar la asimetría, que su demencia económica ha generado.

He sostenido una y otra vez  que la política militarista no es la respuesta a la asimetría económica y a las distorsiones de la economía fronteriza. El camino para superar esa dura situación es la integración económica. Ello supone previamente desmontar la economía socialista. La política social no solo se puede llevar adelante a través de los subsidios a bienes y servicios. Ellos son generales y fuente de una mayor corrupción. Hay que asistir directamente a los sectores vulnerables con programas que no distorsionen la economía. Hay que trabajar para promover el libre comercio entre Venezuela, Colombia y demás países del entorno. Ello permitirá desmontar el corrupto, ineficiente y atrasado aparato de controles que la cúpula roja ha instaurado. Hay que trabajar por tener una moneda común. Eso debe hacerse en breve tiempo. Cuando logremos esa meta, no se hablará más de contrabando de ninguna especie. Hablaremos de competitividad, de fortalesas y ventajas para ese intercambio. Forzaremos una verdadera economía. Derrumbaremos los muros, alcabalas, matracas, y demás negociados que a la luz de la economía socialista se han levantado en estos años, de la tristemente llamada “revolución bolivariana”.

Solo por el camino de la integración podemos crecer sanamente, construir riqueza y progreso. Con el actual modelo solo estamos arruinando a nuestro país, mal acostumbrando a nuestro pueblo, promoviendo una gigantesca red de corrupción, favoreciendo a las mafias que a la luz del estado, se han constituido para aprovecharse de la situación.

Nuestro compromiso es luchar por una verdadera integración, por una región libre de muros, por una patria donde todos podamos trabajar y circular sin la agresiva presencia de una ocupación militar, cara del atraso y de la naturaleza antidemocrática de quienes hoy gobiernan.