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Alexis Alzuru

La insurrección de los militantes

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Los cambios que urgen en Venezuela se pueden realizar si se logra modificar la correlación de intereses que existen en el bloque oficialista y en la MUD. Sólo un acuerdo entre los moderados de esos sectores puede garantizar la derrota de la junta cívico militar que gobierna. Aun cuando es bueno reconocer que un convenio entre moderados no se producirá de la noche a la mañana. Entre otras cosas porque se necesitaría una verdadera transformación interna en los dos grupos. Para retirar al presidente se requiere remover ideas, ampliar las coaliciones y renovar liderazgos en uno y otro bando. Un proceso que está en marcha en el oficialismo, pero no en la oposición. Desde la muerte de Hugo Chávez hay una transición dentro del PSUV y el Polo Patriótico. Esa procesión es lenta, pero avanza sin detenerse. De hecho, sus militantes y directivos se han ido apartado de los jefes corruptos. Hay otros síntomas que anuncian la tempestad que se avecina allí. Basta reseñar que los socialistas aceptan que sus enemigos son las mafias rojas que controlan el poder, no los venezolanos que reclaman bienestar, seguridad y libertad.

Por supuesto, en esas bases aún se mantienen prejuicios que han impedido un mayor acercamiento con la militancia opositora. Por ejemplo, aquella creencia según la cual la sustitución del presidente sería traicionar el modelo socialista. Una opinión que también se tambalea por la revuelta que sacude la percepción de quienes integran esas filas.

Desplazar de la presidencia a Nicolás Maduro exige modificar las fuerzas que presionan. Hay que asociar militancias, voceros y fines. La unidad perfecta es una alianza entre los moderados socialistas y los opositores. Lo cual implica respaldar la metamorfosis que se está dando dentro del oficialismo y, a la vez, activar un movimiento de desobediencia de las posturas conservadoras de la MUD. En particular, se tendrían que desechar varias de sus ideas que han sido nocivas para la reunificación popular. Por ejemplo, aquella según la cual la oposición, por sí misma, es capaz provocar la expulsión de la elite gobernante.

Una consecuencia práctica de ese falso supuesto ha sido que los dirigentes de la MUD se han ocupado de canibalizarse, no de crear las condiciones para acordarse con los socialistas. Aún más: A la sombra de esa premisa algunos han esperado el colapso del gobierno para aprovechar el descontento. Como si la militancia oficialista se fuese a correr hacia la MUD para castigar el fracaso de Nicolás Maduro. Esto no ha sucedido, ni sucederá. Los datos demuestran que el apoyo a la MUD decrece mientras el malestar social prende en todos los rincones del país. O la MUD sintoniza con las mayorías populares o una nueva oposición surgirá del bloque socialista.

La MUD se desmantela por su resistencia a revisarse. Su temor al cambio la convirtió en uno de los soportes en los que el presidente y sus aliados cubanos afincan la continuidad de su proyecto. Tal vez, les llegó la hora de aceptar que su apertura es uno de los pasos que deben satisfacer para reclamar la salida de Nicolás Maduro.

La prioridad es acelerar la transición del poder establecido en Venezuela, no preservar la virginidad de la unión de los socios de siempre. Lo cual pasa por crear un clima favorable para el entendimiento entre los moderados socialistas y opositores. De cara a ese objetivo de interés nacional, la MUD debería dar señales de su disposición a conectarse con los venezolanos en lugar de seguir engañándose con el argumento de la democracia interna. Un sofisma que le ha permitido autorizar discursos, propuestas y voceros que insisten en repolarizar para justificar su patológica endogamia.

 

@aaalzuru