• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Luis Pedro España

Rescatar la democracia

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La política, la opinión y la información van a tomar caminos distintos de los acostumbrados. Los canales a partir de los cuales nos enterábamos y participábamos se van achicando (por no decir cerrando) lo que de seguro traerá nuevas formas de comunicación.

No es muy normal un país donde un lado ve todo “rojo y bueno” mientras que otro lo ve “azul y malo”. La responsabilidad de esto indiscutiblemente es de quienes controlan los poderes del Estado. No sólo es falso, sino además hipócrita, responsabilizar a quien reacciona (aunque sea desproporcionadamente) frente a la censura de ser el causante de la información mediatizada o sesgada que se ha mantenido en nuestros medios.

Por lo caminos que sean, sinuosos o directos, la posibilidad de que volvamos alguna vez a tener medios audiovisuales libres, responsables y ponderados, luce distante. En lo inmediato serán la prensa, algo la radio y las llamadas redes sociales las encargadas de informar. Distinto de lo que se podría creer quienes supongan que con estas medidas las voces discordantes bajarán el tono, creo que es fácil de entender que ocurrirá exactamente lo contrario. Privados de la verdad, imposibilitados de hablar con franqueza, eliminado desde hace mucho eso que llaman debate, lo que va a quedar es el rumor, el cuento exagerado y cuando no el posicionamiento siempre y simplemente radical, porque no habrá otra forma de reaccionar ante la brutal censura a la que serán sometidos, cada vez más, los medios audiovisuales.

Nos aproximamos a lo que era el sueño de la oposición radical, lo que siempre supimos que no sería sino la peor de nuestras pesadillas colectivas. No es cierto que “lo bueno de esto es lo malo que se va a poner”. Lo malo siempre es malo y lo bueno, no siempre lo vemos como bueno.

Como reacción a la onda represiva que proviene de un gobierno en bajada y, lo peor, sin ninguna posibilidad de que detenga su caída o cambie el ángulo de la pendiente de su popularidad, la información será todavía mas sesgada, imprecisa y radical de lo que desearían los censores. Es probable que, como parte del blackout mediático para el que vamos, se termine convirtiendo en míticos y épicos cada dato, cada evento o cada acción de aquello que se pretenda ocultar o esconder.

No se trata sólo de que la modernidad cuenta con canales de información y comunicación personalizadamente masivos, sino que desde siempre, por el simple principio humano de la empatía, “David siempre fue y será más popular que Goliat”. Así que, mientras más se esfuercen en ocultar de las pantallas de TV las movilizaciones y concentraciones del líder de la oposición, más rápidamente correrá la gente a tratar de ver en vivo lo que el poder pretende esconder. Si esperaban una Asamblea Popular de centenas, participarán miles y se reportará que asistieron millones. No hay forma de ir en contra de lo indetenible, pretenderlo sólo lo hará más costoso y doloroso.

Vienen tiempos inéditos. Formas modernas de represión. La adecuada lectura de las acciones y reacciones sociales será clave para un gobierno que, aunque puede que no lo sepa, su mejor apuesta debiera ser por que alguna vez puedan volver a ser gobierno. Mientras que para la alternativa política del país, el logro de la gobernabilidad futura deberá ser el norte de su oposición en el presente.

Como siempre, habrá que lidiar con el catastrofismo de quienes no terminan de entender que el camino más corto, en verdad, termina siendo el más largo. Como ha sido en el pasado ellos serán los “sparrings” de esta lucha, claramente de largo plazo, en la que se ha convertido rescatar nuestra democracia.