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César Pérez Vivas

La indignación del Táchira

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El pueblo tachirense ha sufrido con mayor rigor que el resto de nuestros compatriotas las consecuencias del socialismo del siglo XXI y del desprecio de la cúpula roja por nuestra tierra.

La ojeriza de los neorrevolucionarios castristas contra el Táchira tiene que ver con la desconfianza y el rechazo de nuestro pueblo a la guerrilla colombiana, pues es pública y notoria la identidad política e ideológica que les une a dicho movimiento subversivo.

Nuestra vecindad con la hermana Colombia, y el repudio que el pueblo colombiano ha mostrado siempre por esos movimientos terroristas, se vive muy de cerca en nuestras comunidades, en razón de las miles de familias que, venidas de tierras neogradinas, han hecho del Táchira el hogar donde han forjado su vida. Ellos han transmitido a sus vecinos las vivencias de las atrocidades que la guerrilla ha perpetrado contra el humilde pueblo de Colombia. A eso se suma que por más de treinta años dichos movimientos violentos han incursionado en nuestro territorio y secuestrado, extorsionado, matado y robado a nuestros compatriotas. Esa realidad ha hecho que el tachirense se resienta de esa guerrilla, tan entusiastamente defendida por el fallecido presidente Chávez, y por todo su equipo político de colaboradores y seguidores directos. Por eso Chávez nunca apreció al Táchira.

Durante los quince años de vigencia del actual régimen socialista, el Táchira ha sido duramente castigado.

El comandante Chávez nunca quiso hacerle al Táchira las inversiones necesarias para dar el salto a su desarrollo integral. Básicamente las que tienen que ver con la vialidad y los servicios de energía y agua potable. En todas sus campañas las ofreció, y jamás le cumplió a la región.

Chávez desconfió siempre de los tachirenses. Nunca le permitió a ninguno de los dirigentes de su partido acceder al gobierno del estado. Siempre les impuso militares, ajenos a la región, que obedecieran de manera acrítica sus órdenes. Por eso designó en el año 2000 al capitán Ronald Blanco la Cruz para la gobernación, y más recientemente a otro militar, el capitán merideño José Vielma Mora. Ambos personajes desconocedores de la realidad humana y espiritual del Táchira.

Durante mi periodo como gobernador del Táchira nunca quiso oír nuestros proyectos. Nunca se dignó recibir nuestros planteamientos. Por el contrario nos creó un cerco institucional y económico que afectó severamente a nuestro pueblo.

En paralelo, el modelo socialista impulsado por él hacía estragos en nuestra economía. Se fue generando una diferencia abismal con la economía colombiana, lo cual ha producido una compleja problemática que ha afectado severamente la calidad de vida de nuestro pueblo.

La condición de frontera, y el modelo socialista, ha producido un desabastecimiento mayor que en el resto del país, pues de lo poco que permiten ingresar al Táchira, una parte sale a Colombia por esa asimetría económica.

A ese problema económico la cúpula roja ha respondido con una política represiva, típicamente militarista. En la aplicación de la misma la población es sometida a todo tipo de humillaciones, que violan los derechos humanos de todo un pueblo.

El tachirense vive asediado por la inseguridad, por la escasez de todo tipo de bienes, por los controles que se le imponen por la condición de frontera, por el racionamiento de gasolina, gas doméstico y alimentos.

A ello se le suma la soberbia e inmadurez del capitán Vielma como gobernador, cuya vocación represiva contra los estudiantes hizo explotar como un polvorín el grave malestar que se ha venido acumulando en estos años.

La cúpula roja no ha leído los mensajes de nuestro pueblo en los últimos procesos electorales. Desde el año 2000 hasta 2008, el Táchira respaldó el proyecto socialista. Desde 2008, cada vez con mayor fuerza, viene rechazándolo. A pesar de esa manifestación electoral, el régimen se hace la vista gorda con el sentimiento de nuestro pueblo y continúa con su política de controles, humillaciones y descalificaciones contra nuestra gente.

Ahora ha estallado por todas partes un sentimiento de indignación. Es hora de que Maduro y su equipo entiendan que no es con más represión, o con más cerco económico y político, como va a entenderse con nuestra región.