• Caracas (Venezuela)

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Alicia Freilich

El in-mundo aliado del chavismo

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Cuando desde mayo del 45 aparecieron las primeras fotos de los Auschwitz, el hogar de mi infancia se pobló de lutos que maldecían a los políticos del mundo libre, pues hubo evidencias de que lo sabían todo mucho antes, pero tardaron demasiado para el Día D. Cuando en el 50 nos llegó por milagro cómplice judío una esquela del tío comunista preso en gulag-Siberia porque su periodismo criticó la criminalidad estalinista y pedía que le enviaran migas del pan familiar, de nuevo el aire doméstico gritó preguntas por la cómplice mudez universal. El saldo de ambos silencios fueron multimillones de víctimas que mostraron por fin la verdad. Mañana resultó tarde porque antes, 1938, hubo los Acuerdos de Múnich entre Europa libre y Alemania nazi “para evitar una nueva guerra” y en febrero del 45 la Conferencia de Yalta, donde los victoriosos de la Segunda Guerra Mundial se repartieron el planeta para la Guerra Fría. Sobrevivientes, sus hijos y nietos de ambas farsas aprendieron que pactar con totalitarios es inútil y dañino, pues su natura y/o adoctrinamiento son dogmas con mentiras tácticas como lo evidencia hoy Putin, siempre un KGV.

Desde la segunda posguerra en adelante y el alto el fuego en Vietnam, Rusia y China predican pacifismo angelical mientras con el mazo dando ejercen un militarismo criminal, un socialismo verbal mientras practican el más salvaje neocapitalismo convenido con un Occidente por eso mismo en decadencia económica. Ese método bipolar se expandió hacia Latinoamérica iniciado por la Operación Anádir, 1962, entre Cuba y la URSS que acordó “la instalación de armamento nuclear” en la isla. Seis años después Fidel lo refrendó con un discurso antibélico contra el imperio yanqui aceptando: “La necesidad del envío de fuerzas soviéticas a Checoslovaquia y no condenamos a los países socialistas que tomaron esa decisión”.

Así seguimos, ya sin caretas, modelo importado por esta Menelandia politiquera y sus socios, paisanos naturales y los forjados, que no recuerda ni corrige, ahora invadida por el imperio chulofidelista. Unasur, que mintió al país y al mundo en la elección fraudulenta de abril 2013 y apoya sin ambages la ilegitimidad de este régimen es el turista-zamuro-cuidando-carne que junto con la acomodaticia OEA, dejan solito al país que respetó siempre la Carta Democrática Interamericana. Mientras tanto, con calma chicha han vuelto negro, como ese petróleo tan deseado y corruptor, la supervivencia y el futuro de la población civilista con su mayoritaria juventud libertaria venezolana que rechaza maniobras leguleyas de tradición dictatorial.

Pactos como el de Puntofijo (1958), que excluyó al Partido Comunista, pues ya entonces no era venezolano sino sucursal del Kremlin, garantizan resultados de cierta eficacia, porque los firmantes tienen la misma base conceptual de objetivo idéntico y sus divergencias radican en los medios para lograrlo. Cuando la meta política es diametralmente opuesta, los convenios se excluyen de modo automático y fatal.

¿Acaso pueden alcanzar acuerdos de logro positivo concreto el cibernauta y un dinosaurio? ¿El estudiante manos limpias y un amoral mercader diplomado de lenta carrera indiferente, que se hace el loco frente a la violación continua y a la vista de la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Un despojado ex ciudadano constitucional y el delincuente talibán que anuló sus derechos de existir y en libertad?

Más claro: ¿entre el papa Francisco y los Bin Laden de cualquier sigla con su garrote-fusil en plena acción?