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María Amparo Grau

La impunidad

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En una visita reciente a nuestro país con fines netamente turísticos de un grupo de jóvenes abogados del Perú, Colombia y España, reflexionaba uno de los peruanos: “Me parece que el grave problema de Venezuela es la impunidad.”

Esta conclusión la extraía de las conversaciones sostenidas con los anfitriones y con gente común, así como de las informaciones obtenidas de los medios de comunicación.

Lo que no anticipaba el mencionado abogado es que él mismo constataría la gran veracidad de sus afirmaciones. Así en su estadía en Los Roques experimentaron el robo por parte de al menos tres jóvenes que se introdujeron por el techo de la casa en la que se hospedaban para apropiarse de lo que consiguieran a su paso, sólo fueron unas cornetas, unos lentes de sol y un zapato, porque el otro lo dejaron caer en su huida, por la misma vía, al ser sorprendidos por una de las abogadas colombiana quien a esa hora, 2 de la madrugada se había levantado para ir al baño.

La impunidad se manifestó en el comentario de la encargada del hospedaje al día siguiente al señalar, si darle importancia alguna al hecho, que eso había pasado igualito a otros huéspedes recientemente, con lo cual implicaba que lo que ocurre a una víctima debe ser consuelo de la otra; o con el comentario del muy amable guardia a quien se denunciaron los hechos, en el sentido de que eso estaba pasando últimamente, excusándose con los turistas y lamentándose de que no era mucho lo que podían hacer para controlarlo. Esto téngase en cuenta ocurrió en un archipiélago.

Luego, ya en Caracas, tuvieron la experiencia de nuevo, esta vez cuando bajando del Ávila, donde fueron a apreciar la belleza de la montaña y la vista de la hermosa Caracas, tuvieron que planear su salida y correr al vehículo para abordarlo simultáneamente y huir de prisa ante la sospecha de la presencia de unos sujetos que podrían ser secuestradores a la espera de la próxima víctima.

Finalmente, en el aeropuerto, vivieron una experiencia lamentable, que ponía punto final a la conclusión esbozada, al estar en la cola de chequeo y observar como en repetidas oportunidades personal del mismo y hasta guardias uniformados les ofrecían evitar la espera, a cambio de lo que quisieran ellos “colaborarles”.

La impunidad es un mal terminal para una sociedad. La impunidad implica la ausencia de responsabilidad por los hechos delictivos o por cualquier otro tipo de incumplimiento del ordenamiento jurídico que la sociedad se da a ella misma para lograr una vida en orden,  paz y felicidad.

La punición es tarea del Estado. El órgano parlamentario (legislativo) debe hacer las leyes que establezcan las limitaciones, infracciones y sanciones. El juez (Poder Judicial) debe aplicar las penas y controlar la legalidad de las sanciones administrativas, y la administración  (Poder Ejecutivo) debe realizar las actuaciones materiales de policía y asegurar que las normas y sanciones se cumplan.  Cuando estas tareas no se realizan adecuadamente o no las ejecutan los órganos a los que corresponde ejercerlas, aparece la impunidad, se socava la seguridad y sin seguridad no hay vida colectiva en paz ni felicidad.

La seguridad es tarea del Estado y la impunidad su responsabilidad.