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Diario de las Américas Editorial

La impunidad y la justicia

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La decisión del Gobierno de Holanda de liberar al general Hugo Carvajal, exjefe de la inteligencia militar venezolana, íntimo colaborador de Chávez y señalado por la agencia para la lucha contra los narcóticos de Estados Unidos (DEA) de ser la cabeza de narcotráfico en la nación sudamericana y contacto de Miraflores con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), posiblemente se acoja al derecho internacional, pero viola toda norma de moral y de justicia.

El canciller venezolano Elías Jaua, con el cinismo que caracteriza casi todas sus declaraciones, afirmó que el Reino de los Países Bajos había reconocido que "las disposiciones del convenio consular se aplican al señor Carvajal", por lo que "se encargará de su puesta en libertad" tras su detención en Aruba y tras ello "deberá retornar a su país". Como para dar un último toque repulsivo a sus palabras, Jaua subrayó que el fallo había sido una "victoria del pueblo venezolano" y que se "había impuesto la verdad". 

Por supuesto, la noticia provocó también declaraciones del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, quien aseguró que el general sería recibido como un héroe y que su "secuestro" en Aruba había sido una respuesta a su lealtad a la memoria del "comandante eterno" y la "defensa de los procesos de paz en todo el continente". Esa última afirmación tiene que ir obligatoriamente acompañada de un inmenso signo de interrogación. 

Lo cierto, más allá de los tecnicismos diplomáticos y los "logros del pueblo chavista", es que las evidencias prueban los estrechos vínculos de Carvajal con el narcotráfico, las FARC y las violaciones de los derechos humanos son innegables. La verdad, al final, encuentra la luz