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María Amparo Grau

La idoneidad para el cargo

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La ciencia de la organización enseña que uno de los principios fundamentales para el éxito de la misma es la idoneidad técnica y moral de quienes ocupan los cargos de dirección. El titular del cargo tiene que estar preparado desde el punto de vista técnico, y debe tener además una condición moral que le permita ejercer su posición con corrección. Con el conocimiento, la experiencia y el correcto proceder se coloca el jerarca en el nivel de liderazgo necesario, pues será ejemplo y modelo que inspire el respeto de los subalternos, así como su motivación para seguir las líneas que éste dicte para que se consigan los fines de la organización, con eficiencia y eficacia.

En materia de organización administrativa, el mismo principio de idoneidad técnica y moral es mandatorio para garantizar el buen funcionamiento y buen accionar de ese aparato del Estado, que es la organización que integra la rama Ejecutiva, en los distintos niveles territoriales.

Desde el presidente de la República, gobernadores, alcaldes hasta los ministros, directores y demás funcionarios de la administración pública nacional, estadal y municipal, central y descentralizada, deben cumplir con el requisito de la idoneidad técnica y moral, pues de lo contrario la consecuencia inevitable será el fracaso de sus gestiones.

La idoneidad técnica pasa por tener el conocimiento y la experiencia requerida para el cargo, de manera que no es idóneo técnicamente quien carece de la formación profesional en el área concreta ni lo es un recién egresado de las aulas universitarias para ser ministro del área que sea,  pues cuando menos carece de la necesaria experiencia.

La idoneidad moral pasa por tener un comportamiento acorde con los valores y principios que la vida civilizada en sociedad imponen, de manera que no es moralmente idóneo un ludópata para un cargo de administración de fondos públicos, ni lo es quien de manera previa se ha desempeñado en un cargo incompatible o de una organización pública o privada con intereses encontrados con la nueva posición a ocupar.

La violación de este principio de idoneidad técnica y moral trae como consecuencia el fracaso de las ejecutorias de la administración pública. Cuando los cargos del gobierno están ocupados por personas sin conocimiento o sin experiencia, el resultado no puede ser otro que el del fracaso de la gestión administrativa en las materias de sus competencias.

La calidad de la organización depende de la cualificación de sus dirigentes y de estos depende la consecución de las metas fijadas. En el caso de los países en vías de desarrollo la violación de este principio de la organización administrativa representa la imposibilidad de generar progreso.

Es una gravísima irresponsabilidad designar a quien no tiene los requisitos de idoneidad técnica y moral para ocupar los altos cargos de la administración pública pero también lo es aceptar estos nombramientos, pues el fracaso no es sólo el personal, sino el de toda la organización y el logro de sus objetivos en perjuicio de toda la colectividad a quien esta sirve.